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ABC LUNES, 2 DE ABRIL DE 2012 cordoba. abc. es SEMANA SANTA 35 Calle de la Amargura El Candelero Luis Miranda Cualquiera tiempo futuro D ías puede haber en la Semana Santa en que se añore lo que se vivió o que se idealice lo que no se vivió, pero son los que llegan al final de la Pasión, allí donde los estandartes viejos, que son capaces de recordar tantas cosas, vuelven a conocer el aire de las tardes de la Semana Santa de Córdoba, los más apropiados para estos ejercicios. Los primeros son días que se construyen todos los años, que forjaron lo clásico, que ya va existiendo, hace pocos años, aunque eso no les quita valor, ni mucho menos. No siempre había mucho que perder, pero han conservado lo que valía la pena y construido el futuro sobre unos cimientos tan sólidos que los edificios que se pueden construir son altos. Año tras año, fase tras fase, casi sin que nadie se dé cuenta, lo que era un sueño pasó a ser un proyecto, el proyecto cuajó y ahora la Semana Santa que apenas era un futurible al que nadie sabe si podría llegar, empieza a realizarse. Pensaba en ello ayer disfrutando de la Virgen de la Candelaria en la calle. Demasiados años lleva ya haciéndolo muy bien su cofradía del Huerto como para darse cuenta precisamente ahora, pero no siempre las conexiones de los cables funcionan como deben, qué se le va a hacer. Si alguna vez se soñaron palios magníficos, bambalinas que deslumbraran y que encima fueran personales y llenas de contenido, eran las que estaban golpeando los varales por la calle de la Feria arriba. ¿Quién podía pensar en los palios lisos, que todavía quedan, si el hilo de oro cantaba las mejores letanías con la riqueza catequética de los símbolos? Las bambalinas, casi sueltas después del bordado y sin embargo ceñidas a unos varales que apenas se movían en el mejor estilo que sabe imprimirle un Curro cada PUNTADA DE ORO BUENOS TRABAJOS Parece que los ensayos han dado sus frutos. La mayoría de los catorce pasos de ayer mostraron que tienen gente solvente debajo y cabezas bien amuebladas fuera. PUNTADA SIN HILO La Virgen de la Candelaria, en la tarde de ayer en la calle de la Feria año más excelso, no quitaban protagonismo, sino que daban belleza, a la Virgen de la Candelaria. Uno iba pensando cómo se disfruta cuando el paso no es sólo algo que se mueve, un sitio donde llevar a una imagen, sino un templo en movimiento, una obra de arte con su programa y su estilo que tiene que seducir para que resplandezca mejor lo que va debajo. Hace tiempo que se mira a Sevilla y se le envidian cosas que tendrán que llegar tarde o temprano, pero pensaba en si algunas cuadrillas de allí serían capaces de superar con tan buena nota la asignatura de la calle de la Feria, larga y en pendiente, lucida por sus naranjos y toda su estampa antigua pero desagradecida para quienes, y ayer no pasó, no sepan sortear sus desniveles y los momentos en que no es fácil caminar por ella. VALERIO MERINO OBSESIONES Y MANÍAS Hace días que no se hablaba de otra cosa que el tiempo y casi daban ganas de no poner las flores porque llovía pero seguro. Esto servirá para no obsesionarse. En el lento y natural andar del Cristo de las Penas, en el subir de la Oración en el Huerto entre naranjos y con la perfección musical de la Estrella sonando detrás, en la pujanza exuberante de la Esperanza, en el paseo celestial de la Candelaria, en la mirada baja del Señor del Silencio que quiso que lo disfrutáramos en Córdoba, en el Calvario no perdido del Cristo del Amor y reinsertado a su Semana Santa. En todas estas cosas está la llave, el camino, lo que un día será clásico y ahora es hermosura, lo que nos identificará ante los demás y lo que nunca tendremos que echar de menos porque siempre se quedará con nosotros. El Domingo de Ramos, y con él sus cofradías, hace tiempo que saben, tomando versos prestados, que cualquiera tiempo futuro será mejor.