Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
64 GENTESTILO SÁBADO, 17 DE MARZO DE 2012 abc. es estilo ABC Encarna Sánchez Sus fieles salen al paso del nuevo linchamiento Tras la emisión de Mi gitana la fallecida locutora ha vuelto a resucitar en Telecinco R. BELMONTE Dice Karl Lagerfeld que él no quiere ser una realidad en la vida de los otros, quiere ser una aparición. Justo lo que Encarna Sánchez ha conseguido. Otra cosa es que la fallecida comunicadora quisiera esta vida de ectoplasma. Cada cierto tiempo, Encarna, con camisón o con su mortaja blanca de Chanel, se aparece en Telecinco. La última vez, por la emisión de Mi gitana miniserie sobre Isabel Pantoja. Solo salía en el primer capítulo pero su sola mención provoca que a muchos de los que la conocieron (o no) les entren ganas de desenterrarla y golpearle el cráneo con su propia tibia, como Mark Twain quería hacer con Jane Austen. Menos mal que Encarna fue incinerada. En 2006, a los diez años de su muerte, se produjo la primera resurrección con el documental La obsesión de Encarna (38,3 por 100 de share) El pasado viernes 9 de marzo, Mila Ximénez consiguió que Sálvame DeLuxe liderara la noche contando el cumpleaños que Encarna le celebró en su casa. Entonces y ahora la locutora aparece como la encarnación (Sánchez) del diablo. O como una bruja obsesionada con la Pantoja. El aderezo perfecto de esta maldad culebronesca es esa gente que la custodiaba en sus últimos días. Y esa rapiña que presuntamente tuvo lugar en La Moraleja. O esas últimas voluntades hechas desaparecer. Esto al menos es lo que sostiene Julián Fernández Cruz en la biografía Encarna Sánchez. Ahora es mi turno, mentirosos sinvergüenzas donde también relata los presuntos y turbios chanchullos económicos de Sánchez. Pocos las defienden estos días, si acaso Jaime Peñafiel y Carmen Jara, incluso Luis del Olmo (Antonio Burgos lo hizo en el linchamiento de 2006) Encarna, es que tienes muy mala leche se atrevía a decirle Carmen Jara, fiel escudera en los años de la Cope. Era como una hermana para mí También le aseguraba estar harta de comer en Horcher, restaurante cercano a la emisora. Alguien dijo a Encarna que la carne cruda era buena para el cáncer y ella decidió darse chutes de steak tartar mirando al Retiro. Sobre si la de Carboneras se comía también cruda a la gente, un técnico que trabajó con ella reconoce la tensión habitual: Estábamos acojonados. Se ponía a leer un guión y empezaba a tachar y hacer aspavientos para acabar rompiendo los folios. Y una vez que pusimos no sé qué música que no debíamos empezó a aporrear como una loca el cristal del control. Aunque luego pidió perdón. Y otro día echó a patadas del estudio a un concejal del PP que vino borracho a una entrevista Pero los que trabajaban con ella reconocen lo que se aprendía y también su generosidad. A mí es el único jefe de la Cope que me ha hecho un regalo cuenta otro. Así como también recuerdan la solidaridad con las mujeres de su entorno. Aunque llamara gorda y defensora de un corrup- LA ESCUDERA tor de menores a Cristina Encarna, es que Almeida cuando era la tienes muy mala abogada de Javier Guleche le decía rruchaga en el caso Carmen Jara, su Arny más leal amiga. Era como una hermana El steak tartar de Horcher Las chicas con una cruz roja La obsesiones de Encarna con Mila Ximénez e Isabel Pantoja bordeaban lo hitchcockiano Arriba, Martes y 13, cuyos sketches le hicieron reír (la empanadilla) y llorar (uno relacionado con la Pantoja) Lo malo de las resurrecciones de Encarna es que se centran en su lado oscuro y olvidan la parte humorística. Memorable es la escena en el restaurante Portobello cuando, en un descuido del camarero, Marujita Díaz cogió de la pared una foto de Pantoja y María del Monte y la metió en el bolso de Encarna. O cuando esta decoró La Gaviota y compró un piano de cola: Pero, Encarna, ¿para qué pones eso, si aquí nadie toca el piano? le soltó Jara. Pensaría que alguien se lo tocaría a Pantoja, a quien construyó una suite en el piso de arriba. No se valora suficientemente la imagen de Encarna como sórdida heroína trash. Esa mujer que con un don de palabra único abroncaba a entrevistados, oyentes o a cualquiera de su lista negra. Al final recordaba que, como en la canción, había que volar alto porque abajo tiraban a matar. Su ventaja es que ella está ya muerta.