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ABC DOMINGO, 26 DE FEBRERO DE 2012 abc. es LOS DOMINGOS DE ABC 65 UN PADRINO RUMANO DE PELÍCULA La Policía española detuvo a Ioan Clamparu en 2001, en el Hotel Praga de Madrid. Las denuncias de cinco de las chicas a las que había sometido (incluida una menor de 17 años a la que obligó a abortar) motivaron el arresto. Tras pasar a disposición judicial, quedó en libertad con cargos, con la obligación de presentarse periódicamente a firmar en el juzgado. Una investigacion posterior, en 2004, por encabezar una trama de clonación de tarjetas, volvió a situarlo en el punto de mira policial. Es la operación Nuclear que se saldaría con el arresto de 39 personas (7 de ellas en Rumanía) Pero Cabeza de Cerdo que había recibido un chivatazo, logró huir justo aquella primavera antes de que le arrestaran, cuando acudía a su gimnasio habitual en Boadilla del Monte. Huyó en 2004 cuando iba a su gimnasio habitual Un fondo de 1,5 millones para destruir a fiscales Cinco crímenes que no han podido ser demostrados La leyenda de Cabeza de Cerdo fue creciendo, y con ella llegaron una serie de interrogantes que no han pasado de ser sospechas. Una de ellas son los cinco homicidios que se le atribuían y que nunca han podido ser demostrados. El más llamativo, el de otro capo de su país, Inder Abdula, con el que aparentemente tenía buena amistad, y que apareció asesinado en el sofá de su casa en 2003, a manos de su propio guardaespaldas mientras dormía la siesta. La colaboración entre la Policía española y la rumana ha arrojado datos espectaculares. Uno de ellos hace referencia a que a Cabeza de Cerdo se le habrían intervenido bienes valorados en un millón de euros. Pero el más sorprendente es el que apunta a que presuntamente contaría con un fondo de 1,5 millones de dólares para comprar o destruir a fiscales. El rastro de sangre de este gángster también se ha esparcido en los aledaños de su ejército de matones. Uno de ellos, conocido como Jokeru se lanzó al vacío desde un séptimo piso del paseo de la Castellana, en el centro de Madrid, cuando iba a ser arrestado por la Policía. Otra chica, Simona, también se tiró desde una ventana, enloquecida por la presión que ejercían sobre ella. Sobrevivió. Un suicidio y otro intento entre miembros de su banda El periplo de los siete años de huida de Clamparu por medio mundo sigue siendo una incógnita. Hasta Interpol le buscaba. Durante uno de los registros a su clan, se intervino una tarjeta de embarque de un vuelo Madrid- París de finales del año 2005. Luego, viene la leyenda: que fue visto el 19 de marzo de 2006 en Múnich, durante un partido de fútbol del Rapid de Bucarest. Se sospecha que si en realidad estuvo esas fechas en Alemania, era para crear una red de prostitución de ante el Mundial de Fútbol de 2006, pero nada de ello se ha podido comprobar. En 2007 sí que se le sitúa en Francia y, por fin en 2008, en Portugal. La Policía española pudo cazarle justo antes de que prescribieran sus delitos de explotación sexual denunciados en 2001. Se le hizo llegar el mensaje de que la UDEV sabía dónde se escondía. Cercado por los agentes y cansado de huir, se entrega. La sospecha de una red en el Mundial de Fútbol de 2006 EFE Eran mujeres, muchas, que sabían que venían a venderse desde su Rumanía natal; otras, las que menos, acudieron tras los cantos de sirena de un puesto de trabajo como asistentas del hogar o camareras. Pero ninguna sabía ni estaba preparada para soportar las continuas vejaciones, el estado de esclavitud en el que malvivirían ni la obligación de trabajar sin ver un céntimo en aras de pagar deudas de hasta 10.000 euros a la organización. Otros grupos, especialmente de albaneses y búlgaros, vieron peligrar su cuota de negocio, y fue cuando comenzó la espiral de ajustes de cuentas en los que, casi siempre, Cabeza de Cerdo salía vencedor y sus adversarios, en el mejor de los casos, acababan con una oreja cortada. A Clamparu le movía una máxima: el control del territorio, para lo cual acaparaba al mayor número de chicas (a finales de julio de 2003 tenía a 350 bajo su yugo) o se servía de proxenetas intermedios que pasaban por caja a cambio del usufructo de sus esquinas. Era la época de las violaciones indiscriminadas a estas esclavas y de las amenazas de descuartizarlas y arrojar sus pedazos a los perros salvajes. Llegó a instalar un retén de matones ante el ya desaparecido consulado de Rumanía: aquellas que denunciaban su infierno ante las autoridades de su país se llevaban la terrible sorpresa a la salida de que la banda las esperaba. Le han caído 30 años, pero, en menos de 20, El Padrino volverá a la calle.