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ABC DOMINGO, 26 DE FEBRERO DE 2012 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL RECUADRO ANTONIO BURGOS ADIÓS, MANOLOBARRIOS Sin moverse, por su independencia pasó directamente de ser un rojo peligrosísimo a un facha de mucho cuidado C ON Franco vivo y la dictadura tonante en estado de excepción, celebrábamos, con sigilo de catacumba o de rito iniciático de logia, una tenida democrática en el piso de Luis Uruñuela, el que luego habría de ser el primer alcalde de Sevilla con la Monarquía Constitucional. De pronto alertaron: ¡A ver cómo salimos, que está abajo la Social! Y Manuel Barrios, juntando los pulsos de ambas muñecas como si ya tuviera los grilletes puestos por la Pestañí, dijo con su natal gracia gaditana: ¿Pues cómo vamos a salir? Esposados... No salimos esposados, sino algo peor: humillados. El caballero Uruñuela, capitán de aquella nave de los locos por las libertades, dispuso que para no infundir excesivas sospechas de reunión ilegal fuéramos saliendo por parejas, como hermanas de la Cruz, y allá se las aviara cada cual abajo con la Brigada Social. Compañeros de tantas cosas, a mí me tocó bajar con Barrios. Nos paró, naturalmente, la Policía en el portal de aquel piso cercano al campo del Sevilla. Nos pidieron el carné. Barrios sacó más rápido y se lo entregó al inspector. Tomó el agente el carné y lo miró con parsimonia, cachaza y regodeo, muy pausadamente. Un largo silencio. El policía con el carné de Barrios en la mano, mirándolo y venga a mirarlo. Y mirándonos a nosotros como a criminales. Y al final, una pregunta a Barrios: -Aquí pone que es usted escritor... ¿Escritor, de qué? Y Barrios, con su genialidad, fue y le dijo: -Deloqueustedquiera: ¡denovelasverdes mismo! Ahora que el gran novelista de El crimen de La espuela y de Epitafio para un señorito se ha ido, piensoqueaBarriosleocurriótodasuvidacomoaquella mañana con la Brigada Social: que tuvo que pagar el alto tributo del silencio y de la humillación por servir a su insobornable vocación de escritor libre. Con Franco y después de Franco. A Barrios las derechas y las izquierdas le siguieron preguntando: ¿Escritor, de qué Hasta cuando llegaron los suyos, que eran los nuestros, los de la libertad y la democracia. Nunca estuvoBarriosdispuestoapagaralcabalasde servilismo anadie. Librecomo sucuna, la constitucionalReal Isla de San Fernando. Y como una isla, pagando el precio de la soledad, sin moverse de donde estaba, con las zapatillas bien asentadas en el albero de su sobrada maestría literaria, en esta España saturnal que devora a sus hijos, Barrios, por su independencia, pasó cuidado. Y todo por querer siempre seguir siendo libre como el cante de una soleá de la Misa Flamenca que le inspiró a Antonio Mairena desde la Radio Sevilla de sus premios Ondas. Lo vi siempre como un Quevedo de nuestra hora, incapaz de agachar la cabeza para comer el pan por manita ajena. Peleón, incómodo, pero siempre verdadero e independiente. El difícil ejerciciode la libertad le costó condenas de cárcel, embargos del piso, la inhabilitación profesional, la querella de su editor Lara el Viejo. Casi su muerte civil. Qué altopreciopagóporsulibertad. Pudiendohabersearrimado cómodamente al perol del felipismo con su limpia hoja de servicios antifranquistas, siguió fustigandolascorrupcionesdel socialismocomohabíadenunciado los atropellos de la dictadura. Y todo, sin darle importancia y con mucha gracia, muchísima, como cuandonosinterrogaronjuntosenlosdespachosde la Brigada Social y el comisario le preguntó: ¿Me puede usted decir quién les convocó a esa reunión? -Yo, señor comisario- -respondió- loúnico que le puedo decir a usted ahora mismo es que me estoy meando. Por favor, ¿dónde está el servicio? De los de fax y olivetti, qué pocos vamos quedando, Manolobarrios... UNA RAYA EN EL AGUA IGNACIO CAMACHO PENA DE TELEDIARIO El horizonte penal de Urdangarín es causa perdida. La preocupación institucional consiste ahora en limitar los daños P MÁXIMO OR una vez Iñaki Urdangarín ha aceptado un consejo razonable al no eludir la pena de telediario El paseíllo judicial es una liturgia ingrata que se ha convertido casi en un juicio paralelo con condena popular garantizada pero en el escándalo del yerno del Rey lo único que todavía se puede evitar es la sombra del privilegio. En el desfile de ayer no hubo vecindonas crispadas ni marujas justicieras al estilo malayo; ese papel se lo reservaron los maulets independentistas y demás corifeos del republicanismo radical que se ven a sí mismos como modernos sansculottes al pie del cadalso jacobino. Nada del otro mundo, al fin; una escenografía marginal para un episodio que tiene en vilo al núcleo duro del sistema constitucional por sus desagradables repercusiones sobre el prestigio de la Corona. En este asunto tan penoso ha llegado un momento en el que lo peor que puede ocurrir es que Urdangarín salga bien librado. La medida escalada de filtraciones ha inflado la burbuja de opinión pública hasta provocar un veredicto anticipado de culpabilidad que arrolla no sólo su (discutible) honorabilidad personal sino el principio esencial de la presunción de inocencia. Aunque desde el punto de vista penal al yernísimo le asiste todo el derecho de defenderse hasta la última instancia, la dimensión política de caso exige una expiación que contradice sus expectativas individuales. En la vida pública convencional estas responsabilidades se depuran dimitiendo pero la condición familiar no es un cargo susceptible de renuncia y el divorcio no constituye siquiera una hipótesis planteada. De alguna forma, en las instancias oficiales concernidas por la cuestión- -Casa Real y Gobierno- -ya se ha dado por causa perdida el horizonte penal del imputado. La preocupación consiste ahora en limitar los daños. Sí, se trata de la Infanta. El discurso navideño del Rey trazó un sólido cortafuegos institucional al precio de generar dolorosas desavenencias familiares. La Fiscalía, extremada en el celo de evitar tácticas de retardo y dudas de trato de favor, no acusará ni pedirá la declaración de Doña Cristina salvo flagrantes- -e improbables- -relaciones indiciarias. Pero algunos sectores de la acusación, crecidos con el éxito de su estrategia, quieren otro paseíllo mediático como trofeo aun a sabiendas de la escasa relevancia procesal del trámite. Y es aquí donde la pena de telediario adquiere ribetes de encarnizamiento político y donde el juez instructor tendrá que afinar su criterio para no permitir que la causa se convierta en herramienta de una arbitraria operación de desgaste contra la Corona. La lógica jurídica, que ha funcionado de manera impecable e implacable, debe continuar manifestándose en los estrictos cauces del derecho. Ante indicios sólidos, cero privilegios, pero no cabe la instrumentalización de la justicia para desestabilizar de forma gratuita al Estado.