Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 OPINIÓN AD LIBITUM PUEBLA VIERNES, 17 DE FEBRERO DE 2012 abc. es opinion ABC MANUEL MARTÍN FERRAND TIEMPO DE PACTOS La peor de todas las corrupciones es la orgánica, la que genera trienios y devenga derechos pasivos A YER, en el Congreso, se lanzó un cohete que podría resultar anunciador- ¡ojalá! -de algo parecido a un próximo pacto de Estado que, en la línea en que lo fue el de La Moncloa, en 1977, sirviera para enfrentarse con mayor eficacia a la muy grave situación a la que se enfrenta el Estado y tiene atribulada la Nación. Trescientos tres diputados- -PP PSOE CiU- el ochenta y seis por ciento de la representación parlamentaria, aprobaron la reforma financiera que, aunque tímida y escasa, resulta imprescindible para reconducir los excesos que, especialmente las Cajas de Ahorro, han impulsado y protagonizado en los últimos años y son fundamento de la penosa situación presente. Cuando la recesión enseña sus bigotes entre las bambalinas de muchos países de la eurozona, no es cosa de andarse con rodeos. La voluntad común expresada ayer en la Carrera de San Jerónimo, si es prólogo de algo similar al pacto que hace treinta y cinco años inspiró Adolfo Suárez y materializó Enrique Fuentes Quintana, puede ser la única medicina capaz de aliviar la enfermedad que padecemos. Dado que carece de sentido la disputa sobre quién y cómo manda en los escombros de la ruina española, parece más sabia la unión de voluntades, un propósito cívico común que alivie el paro, dinamice la vida empresarial y, en lo posible y con rigor, meta en cintura a quienes, todavía instalados en sus despachos, vienen haciendo mangas y capirotes del sistema financiero o, cuando menos, de buena parte de él. La peor de todas las corrupciones es la orgánica, la que genera trienios y devenga derechos pasivos. Uno de los cimientos sobre los que se levantaron los Pactos de La Moncloa, fue una aparición en TVE del profesor Fuentes Quintana, vicepresidente y ministro de Economía, en la que, con gran sinceridad, justificó por razones de responsabilidad su eventual dedicación a la vida política y proclamó la necesidad de una cooperación entre todos los partidos. Entonces, el PNV no se abstuvo y lo que todavía era AP, con Manuel Fraga, firmó los capítulos económicos del pacto, pero no los políticos. No sé quién tendría que salir ahora en la televisión para lanzar el pregón de un nuevo pacto. Sí sabemos que la extrema izquierda de la Cámara, plural y dividida, no está por la labor; pero, dado que nada obliga tanto como la necesidad, unos tendrán que sacar fuerzas de flaqueza, mientras otros sacan flaquezas de su fuerza mayoritaria, para que de consuno España sea posible como Estado y escenario para la vida y la libertad de los cuarenta millones de vecinos que, viéndolas venir, nos hemos instalado en la cautela. En el miedo. PERDONEN LAS MOLESTIAS ARIS MORENO IMPLOSIÓN El ser humano es el único animal que se propone cambiar el mundo y acaba tropezando en las listas electorales V ISTO desde la estratosfera, la implosión de un partido político es una inflamación casi imperceptible sobre la corteza terrestre. El planeta sigue girando sobre sí mismo, tal como ha hecho durante millones de años, mientras una caterva de banderías se disputan descarnadamente un escaño en el parlamento. Así estamos. Seguramente que Neil Amstrong no hubiera distinguido desde su Apolo XI la descomunal descarga de energía que liberan cientos de militantes dispuestos a devorarse por un átomo de poder. Como tampoco hubiera percibido desde la superficie lunar la demolición del Califato en decenas de taifas que condujeron inexorablemente a la nada. Al fin y al cabo, la humanidad lleva cientos de miles de años destripándose en partículas infinitesimales por ninguna razón aparente. En términos cósmicos, la implosión de un partido político es una castaña pilonga sin incidencia alguna en la historia del universo. Llevamos observando este singular proceso de autodestrucción, como hemos examinado antes muchos otros, y todavía no hemos hallado una idea, una propuesta, un argumento, una tesis, un pensamiento, en cual- quier caso, que explique esta gigantesca fuerza humana de autoinmolación. Hoy se aniquilarán los griñanistas como mañana lo harán los valderistas y pasado mañana, cuando cambie el ciclo político, se descuartizarán los arenistas. A estas alturas de la película ya sabemos que el ser humano es el único animal de la galaxia que se propone transformar el mundo y acaba tropezando con las listas electorales. Decimos con las listas electorales como podríamos decir con las secretarías de área, con las subdirecciones generales, con los escaños, con las jefaturas de gabinete, con las vicepresidencias, con las concejalías, con los ministerios y sus carteras, con las delegaciones autonómicas, con el puro y duro reparto del poder, para ir resumiendo. Los regímenes se vienen abajo con el mismo vigor con que se incrementa geométricamente la vileza. Sobre todo cuando queda poco pastel que repartir y muchos estómagos agradecidos que alimentar. En eso, unas implosiones no se distinguen de otras. Cámbienle ustedes las caras, las siglas, los nombres, los subterfugios y los pretextos y se les quedará un espectáculo sórdido y poco más. Lo extravagante es que aún traten de convencernos de que detrás de esta inmisericorde lucha por el control del aparato se esconde algún argumento que merezca la pena. ¿Pueden explicarnos cual? Se nos dijo que para cambiar las reglas arbitrarias del universo era preciso ganar las elecciones y sentarse en un despacho de madera de roble. De acuerdo. Pero lo que aquí vemos es que el instrumento del cambio se ha convertido en un simple medio de supervivencia, muy cruda, por cierto, a tenor de la gresca que contemplamos en cada telediario. El astronauta que pisó por primera vez la Luna el 21 de julio de 1969 no hubiera podido divisar desde el espacio la colosal estupidez de cientos de individuos despellejándose por un escaño. Es que, además, le hubiera traído al fresco. Pues bien: el diccionario de la Real Academia describe una implosión como un fenómeno cósmico que consiste en la disminución brusca del tamaño de un astro. Pues eso. amvillafaina gmail. com