Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES, 16 DE FEBRERO DE 2012 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN SE ACABÓ LO QUE SE DABA Si queremos salvar lo esencial del bienestar futuro, hay que recortar el actual. La gallina ya no pone más huevos D IGÁMOSLOclaramente: elestado delbienestar ya no da más de sí; se le han saltado todas las costuras; ha reventado. Nadie quiere oír esta desagradable verdad ni hay partido político que se atreva a reconocerla, pero muy pronto será inevitable asumirla por la vía de los hechos y tratar de limitar los daños, que es lo máximo a lo que cabe aspirar. Las mentiras a este respecto tienen las piernas tan cortas como el recorrido que le queda a la financiación pública ilimitada de todo cuanto se ha venido pagando hasta ahora. Digámoslo de otro modo: Se acabó lo que se daba. Nohay fondospara sufragar las prestaciones que garantiza el Estado no solo a los españoles, sino a cualquier residente en España, e incluso a los familiares de éstos, en materia de sanidad, educación, desempleo y pensiones. Sencillamente no los hay, por más que sean o se consideren derechos adquiridos e irrenunciables. De donde nada hay no es posible sacar otra cosa que palabras huecas, y hoy por hoy las arcas están vacías. Nos lo hemos gastado todo; lo que teníamos y mucho más, a menudo en caprichos tan caros como nuestra red de alta velocidad, que el país más rico del mundo, los Estados Unidos de América, no puede permitirse ni de lejos. Ahora se desgañitan los responsables del despilfarro, socialistas y sindicatos, denunciando que la reforma laboral abarata el despido, aunque saben que despedir sigue siendo mucho más caro aquí que en Alemania o el Reino Unido, donde el número de parados es tres veces inferior al nuestro. Que llamen a la huelga o incendien las calles siguiendo el ejemplo griego. Si se acaba lo poco que queda, cosa que está a punto de ocurrir, no habrá ni para eso, ni para subsidios, ni para quirófanos, ni para escuelas. Es imprescindible que los dirigentes políticos den ejemplo de austeridad, por supuesto. También que los que más tienen aporten más al fondo común y se termine con el fraude. Dicho y hecho lo cual, seguirá faltando el dinero para mantener el actual nivel de gasto social. De modo que hay dos salidas: O se gasta menos o se paga más, o se opta por un camino intermedio. En Sanidad, por ejemplo, habrá que introducir el copago proporcionado al nivel de ingresos de cada cual, terminar definitivamente con las vacaciones médicas de jubilados europeos de lujo y allegados de inmigrantes, así como penalizar severamente el abuso de ciertos servicios, empezando por las urgencias. En Educación, reducir drásticamente el número de universidades públicas y limitar la matrícula semigratuita o las becas a los alumnos con rentas familiares bajas y (subrayo el y expedientes ejemplares, del notable para arriba. En pensiones, contabilizar toda la vida laboral a fin de vincular lo que se perciba llegado el momento a la cantidad global que se haya cotizado, eliminando así, además, la discriminación que supone el sistema de cálculo actual para quienes empezaron a trabajar antes y con salarios más elevados, para verse expulsados prematuramente del mercado laboral. En la protección al desempleo, redoblar la vigilancia, combatir los innumerables abusos existentes y primar la aceptación de cualquier trabajo antes que la permanencia en la inactividad subsidiada. Sé que lo que escribo es un compendio de lo políticamente incorrecto que jamás verá la luz en un programa electoral. Pero si queremos salvar lo esencial del bienestar futuro, hay que recortar el actual. La gallina ya no pone más huevos. UNA RAYA EN EL AGUA IGNACIO CAMACHO EXTRADICIÓN La ira contra los guiñoles no refleja tanto una conciencia nacional herida como una trivialización del patriotismo E MÁXIMO L patriotismo español se refugió hace tiempo en el deporte. Desahuciado de la política por el nacionalismo periférico, de la cultura por el colonialismo de las descargas y de la economía por el directorio de la moneda única, el orgullo patriótico encontró asilo bajo las banderas victoriosas de una generación de campeones que logró ahuyentar la maldición de nuestro pesimismo histórico. Por eso el humor cabrón de los guiñoles franceses contra los ídolos de la nueva España triunfadora ha logrado desatar una pasión de autodefensa chauvinista que resucita el viejo ardor antigabacho. Cuando la nación oficial apenas si se ha atrevido a conmemorar la Guerra de la Independencia para no herir susceptibilidades autonómicas, una broma malvada haencendido una chispa emocional capaz de inflamar un nuevo Dos de Mayo. Cojones y españolía, como en losviejos tiempos. Ofendidoen su simbología sentimental, el pueblo se ha levantadocon dignidadpropia de mejores causas arrastrando al Gobierno a unpintoresco amago de protestadiplomática. Hasta el Rey, que hace un mes le impuso a Sarkozy el Toisón de Oro, ha terciado en la polémica con castiza displicencia soberana; si la temperatura sigue subiendo quizás las autoridades acaben pidiendo laextradición de los muñecos para quemarlos en la Puerta del Sol, donde los manolos rajaban los caballos de los mamelucos y las pescaderas degollaban a la Guardia Imperial de Murat, aquel arrogante ricitos al que bien podría haber acusado Garzón de crímenes de guerra contra la población civil. Convendríasosegarse; esta clasedegestosdeautoestima, estos estados de ánimo irritado, pasan en un palmodelo sublimea lo ridículo. Elhonor deNadal lo defiende él en las pistas y el de Contador merecía mejores abogados que Rajoy y Zapatero, cuya extemporánea presión sobre las autoridades federativas provocó un contraproducente archivo en falso de su causa. Un país con tanta mala leche y tanto humor macabro no puede escandalizarse poruna coñamarinera, por vitriólica ymalintencionada que sea. La ira contra los guiñoles no es tanto el producto de una conciencia nacional herida comode una trivializaciónde la españolidad, jibarizada hasta el plano de lo anecdótico y reducida a un superficial sentimiento de susceptibilidad. Nuestra explosión de cólera estará regocijando a los autores de la chirigota; en pleno carnaval han conseguido volvernos a disfrazar de majos xenófobos, devolvernos al estereotipo caricaturesco del pueblo ceñudo y cabreado. Como ha dicho Rajoy consensatez galaica, el mejor desprecio es la indiferencia. Y a ser posible, seguir ganando en las canchas de juego. Antes de clamar por la retirada de los embajadores es menester redimensionar la ofensa. Y de paso calibrar si tanta energía patriótica no tendría mejor destino aplicada a una reflexión seria sobre nosotros mismos y lo que queremos ser.