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ABC JUEVES, 8 DE DICIEMBRE DE 2011 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN SE RESQUEBRAJA EL IMPERIO El Imperio de la Ley se tambalea cuando el gobierno y sus funcionarios abusan de sus cargos para enriquecerse E XISTE en el mundo de lo metafórico un territorio, no muy vasto pero sí muy próspero, conquistado desde hace tres siglos al absolutismo y la arbitrariedad gracias a la visión, convertida en gigantesco esfuerzo, de una cuantas personas. Sus fronteras no siempre aparecen claramente marcadas en los mapas, aunque desde la honradez intelectual resulta sencillo identificarlas. Lo llaman el Imperio de la Ley. España forma parte de él desde el año 1978, en calidad de miembro de pleno derecho, aunque últimamente se abran fallas en nuestro país que resquebrajan el suelo y amenazan con provocar nuestra expulsión de ese Edén. No me refiero únicamente a las grietas económicas por las que se cuelan los dineros de muchos ahorradores, poco dispuestos a permitir que nuestra indisciplina, despilfarro e inflación de sector público se traguen los frutos de su trabajo, sujetos a las reglas del mercado libre que tan buenos resultados dan a quienes las cumplen escrupulosamente. Ni siquiera creo que sean ésas las más peligrosas con vistas a la solidez de los preceptos sobre los que se asienta la comunidad selecta de nacio- nes a la que me refiero. Lo que más me preocupa es precisamente lo que permanece oscuro o a media luz, porque lo que no se ve no se arregla hasta que resulta ser demasiado tarde. El Imperio de la Ley se tambalea cuando el gobierno y sus funcionarios, en las múltiples administraciones, abusan de sus cargos con el fin de enriquecerse o favorecer a sus amigos. (Hay tantos casos flagrantes que huelga enumerarlos. Cuando el gobierno o sus funcionarios mienten sin pudor ni castigo sobre asuntos tan graves como la negociación con una banda terrorista cuyos sicarios reciben un trato de privilegio con respecto a delincuentes comunes, sin ni siquiera abandonar las armas o cesar en sus amenazas y extorsiones. Cuando el Gobierno o sus funcionarios entierran el principio democrático sagrado de la separación de poderes para adueñarse del Tribunal Constitucional y, desde esa trinchera, aniquilar el espíritu y la letra de la Ley de Partidos o de la mismísima Carta magna (Cataluña) Cuando el gobierno o sus funcionarios desisten de su obligación de velar por la salvaguarda de la propiedad privada, piedra angular de una sociedad de ciudadanos libres, permitiendo que cuadrillas más o menos organizadas okupen (con k de insumisos a la ortografía y la autoridad) edificios de viviendas o servicios, impunemente, mientras ese mismo gobierno y sus funcionarios actúan sin piedad contra quien aparca mal su coche en la vía pública. Cuando el gobierno o sus funcionarios, en suma, ponen mayor empeño en proteger a los victimarios que a sus víctimas. Llegado el momento de evaluar en toda su dimensión el legado de José Luis Rodríguez Zapatero, tal como decía el pasado martes José Bono al celebrar la Constitución, escarnecida una y otra vez por el presidente saliente, lo que marcará en letras de sangre su gestión será esta quiebra recurrente del sistema de valores que hacía de España un leal súbdito del imperio sometido a la legalidad, entendida como sinónimo de justicia. Antes de él hubo desgarros, por supuesto, y después de él los habrá. Pero nunca como ahora en tantos frentes de tamaña gravedad. UNA RAYA EN EL AGUA IGNACIO CAMACHO VENENO GRATIS Impunidad total para el vertido de Doñana. Incompetencia administrativa, galimatías jurídico. Delito subvencionado C MÁXIMO ONVIRTIERON Doñana en un cementerio de peces y de pájaros. Enlodaron el paisaje de la marisma con una siniestra lengua gris de cromo, una lámina de asfalto viscoso en la que se quedaron plantados los árboles como estacas frutales en medio de un desierto de barro tóxico. Condenaron al campo a un silencio funeral de trinos apagados en el que sólo se oía el ladrido lejano de los perros, como un lamento lúgubre en aquel horizonte inerte de lodo envenenado. Y se fueron, impunes, con miles de millones cobrados en subvenciones jamás devueltas y una comarca entera arrasada física y socialmente por su displicente negligencia. No hubo condenas penales y se negaron a pagar las indemnizaciones por daños. Y ahora, trece años después, han escapado por una rendija judicial de la responsabilidad de abonar siquiera los gastos de limpieza. El vertido de Aznalcóllar, el Prestige andaluz, dejó doce toneladas de peces muertos, veinte mil aves envenenadas, varias cosechas perdidas y casi cinco mil hectáreas contaminadas por metales pesados en el límite mismo del parque natural más valioso de Europa. El ecosistema de Doñana quedó dañado de forma irreversible cuando se rompió la presa minera al cabo de años de filtraciones documentadas. Y todo ha salido gratis; la empresa sueca ahuecó el ala sin hacer frente a ninguna clase de perjuicios y nadie ha podido cobrarle un solo euro. Impunidad total. Hechos consumados. Fracaso completo del sistema de protección colectiva. La última sentencia deja un regusto amargo de recochineo. Ni siquiera podrán cobrarse los noventa millones que costó retirar la basura tóxica y levantar los diques de emergencia que preservaran el parque de la mortal riada. Una ley autonómica mal redactada. Un error jurídico de la Junta de Andalucía al recurrir, desoyendo las instrucciones del Tribunal Superior territorial, por una vía procesal incorrecta. Un caso lamentable de peregrinaje judicial, admite el Supremo, que insta a los recurrentes a intentarlo por otro camino; se equivocaron de ventanilla. Culpables desaprensivos, víctimas incompetentes. Un largo, desesperante procedimiento judicial varado también en el barro de la ineficacia. Da igual, porque en cualquier caso los causantes de la catástrofe no piensan de ningún modo en repararla. Están ya lejos y ha pasado demasiado tiempo. Decenas de pantallas societarias y tupidos cortinajes legales los protegen de cualquier reclamación compensatoria. La estructura autonómica carece de solvencia y el Estado de fuerza y de interés para hacerse valer en entramados internacionales. Las instituciones van a las cumbres de Medio Ambiente a suscribir con retórica hueca vagos compromisos de papel mojado. La tierra sólo es del viento, dijo alguien, pero la tierra húmeda de la marisma espera desde hace años que la acaricie siquiera la brisa de una justicia improbable.