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50 CÓRDOBA DOMINGO, 13 DE NOVIEMBRE DE 2011 cordoba. abc. es ABC Eduardo Lucena y su estatua POR JUAN JOSÉ PRIMO JURADO PAISAJES Y PERSONAJES CORDOBESES A HORA que se celebran cincuenta años de la refundación del Real Centro Filarmónico Eduardo Lucena, también se cumplen treinta de la inauguración de la estatua en honor de su fundador, Eduardo Lucena Vallejo (1849- 1893) Dicha estatua, que hoy contemplamos en la Plaza Ramón y Cajal, por diversas razones tardó más de medio siglo en ser expuesta al público. Eduardo Lucena nació en Córdoba el 22 de agosto de 1849. Su inclinación por la música fue muy temprana, heredada de su padre Francisco Lucena Luque, organizador de la Orquesta de Córdoba, de quien recibió las primeras lecciones musicales. Posteriormente se trasladó al Conservatorio de Madrid, donde tuvo como profesores al violinista Jesús de Monasterio y al compositor Hilarión Eslava. Eduardo Lucena fue director de banda y orquesta, notable violinista, compositor y profesor de armonía en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Córdoba, origen del futuro Conservatorio. Su fama e influencia en el devenir cultural cordobés obedece a su trayectoria como brillante compositor y por haber sido el creador en el año 1878, de otra gran obra, el Centro Filarmónico que lleva su nombre. Entre sus composiciones más importantes encontramos la Pavana, el popurrí Aires andaluces, la barcarola Cruzando el lago, la célebre Habanera, el pasacalle Carnaval del 86, las jotas A Málaga y Las mariposas, y la Sinfonía en Mi mayor. El periodista Ricardo de Montis dejó escrito de él: Poseía condiciones de carácter tan excepcionales como artísticas, y su afabilidad, su buen humor, su viveza de ingenio y su gracia eran proverbiales Tras morir el 2 de marzo 1893, en 1912 el Ayuntamiento le dedicó una placa en su casa de la calle San Fernando y en 1926, a iniciativa del Centro Filarmónico, encargó al artista montalbeño Enrique Moreno Rodríguez, apodado El Fenómeno, una escultura en piedra del músico. Terminada la obra, sin embargo ésta nunca llegó a exponerse, bien por desidia municipal, bien porque el escultor y el presidente del Centro Filarmónico, Aurelio Pérez, fueron víctimas de la represión desatada en Córdoba al inicio de la Guerra Civil de 1936. La escultura se guardó primero en almacenes y luego quedó abandonada, tal y como denunció en prensa, en 1964, el académico Dionisio Ortiz Juárez: En un descampado próximo al viaducto del Brillante, sin vigilancia, con el resguardo de piedras que se la pusiera, venida al suelo la figura triste y pensativa de Eduardo Lucena hoy, como un trasto inservible, sirve de blanco a las pedradas de los chiquillos, que ya han arrancado de su cara la parte más vulnerable de la estatua, la nariz Hubo que esperar hasta 1981 para que se rindiese tributo a la memoria de Eduardo Lucena y a la obra de Enrique Moreno. Un grupo de intelectuales alertó al Ayuntamiento y éste, el 15 de noviembre de ese año, erigió la estatua en los jardines de la Plaza de Ramón Cajal. Bello espacio cordobés, donde antaño se ubicara la parroquia fernandina de Onminum Sanctorum Imagen de la estatua de Eduardo Lucena en la plaza Ramón y Cajal ARCHIVO y donde hoy se asoma la Subdelegación de Defensa, la Escuela de Artes y Oficios y los insustituibles perritos calientes del bar Lucas. Como ha quedado dicho, la gran obra de Lucena fue la creación del Centro Filarmónico. Es la institución La escultura en piedra de este insigne músico cordobés la encargó el Ayuntamiento en 1926, pero se guardó en un almacén y no se erigió hasta 1981 musical más antigua con la que cuenta la ciudad de Córdoba. Tenía por objetivo fomentar entre los cordobeses el amor a la cultura, ayudar a la formación cultural y elevación moral del obrero y llevar el nombre de Córdoba con orgullo por doquier En 1904, solicitó y obtuvo de Alfonso XIII el título de Real, tras la celebración de un concierto para la familia real en Madrid. Su historia ha sido profundamente estudiada por el historiador Luis Palacios en su libro Historia del Real Centro Filarmónico Eduardo Lucena Habiendo decaído tras la Guerra Civil, en 1961 se refundó, volviendo a constituirse en un referente institucional de Córdoba.