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CÓRDOBA
MIÉRCOLES, 12 DE OCTUBRE DE 2011 cordoba. abc. es
ABC
La Policía se centra en las cuatro horas sin coartada del padre de los niños
BEl juez no autorizó hasta ayer, 72 horas después, escuchas telefónicas para saber qué hizo Bretón y con quién habló
P
CRUZ MORCILLO M. P. A. CÓRDOBA MADRID
reocupación sin paliativos a medida que pasan las horas en el caso de los dos hermanos desaparecidos en Córdoba. Preocupación porque la Policía ve casi imposible que los niños sigan con vida y el tiempo corre en contra para resolver el caso. Si el lunes se pensó que podría haber resultados inminentes, ayer la investigación se estancó y la búsqueda de los cuerpos se amplió desde la parcela familiar en la zona de Las Quemadillas a un tramo amplio del río Guadalquivir cercano a esos terrenos, que fue peinado infructuosamente por los GEAS. El padre de Ruth y José, José Bretón, de 38 años, sigue siendo el principal sospechoso- -la última persona con la que estuvieron- pero no ha sido detenido. Bretón continúa manteniendo, después de tres interrogatorios policiales de muchas horas, que las criaturas se le extraviaron cuando los tres estaban en el parque Conde Cruz de la capital. Ausente por momentos, frío, colaborador pero sólo en apariencia sostienen fuentes policiales.
Creen a los abuelos
Los investigadores de Homicidios- -de Córdoba, Sevilla y Madrid- -se centran en las cuatro horas previas a la llamada que José hizo para denunciar que los niños habían desaparecido: a las 18.20 horas llamó al 112 y a las 18.40 a la Policía. Contó que los había recogido en casa de sus padres- -los abuelos paternos- -en el número 8 de la calle Don Carlos Romero de Córdoba para llevarlos a comer con un amigo suyo. El almuerzo nunca se celebró y nadie más volvió a ver a los niños. Tanto los abuelos como otro familiar confirmaron esos datos, que resultan creíbles, a los agentes, de ahí que se estén reconstruyendo con minuciosidad esos tiempos. ¿Qué pasó en esas cuatro horas? Según el padre, a las 17.45 llegó al parque con sus hijos y fue pasadas las seis cuando los perdió de vista. Hasta ayer ninguna de las personas interrogadas por la Policía que estaban en el recinto le habían visto con los niños; sólo repararon en él- -tampoco está claro a qué hora- -y no parecía preocupado ni buscaba a nadie. En teoría desde que fue a recoger a Ruth (seis años) y a José (dos) a la vivienda
VALERIO MERINO Varios investigadores llegados de Madrid y Sevilla para apoyar a los de Córdoba, en la puerta de la comisaría de la capital
de los abuelos donde habían pasado la noche tras viajar con él desde Huelva, estuvieron en la finca de Las Quemadillas, también propiedad de los padres de Bretón. Ese terreno y esa casa distan unos cinco kilómetros del centro de Córdoba.
jó en los alrededores de un conocido centro comercial de la zona este. Hasta ayer, los esfuerzos de los agentes se concentraron en la finca en la que el lunes pasaron más de seis horas hablando con el padre sin lograr arrancarle un relato coherente
Ampliar la zona
Los expertos de Homicidios barajan que el padre condujera con los niños a otro lugar que no ha revelado a nadie, en el tiempo que tuvo, de ahí que ya se haya empezado a planificar ampliar la búsqueda a nuevas zonas. A última hora de la noche se supo que un equipo de la Unidad Canina traba-
El Guadalquivir y más El rastreo de la finca familiar no ha dado resultados; se ha vuelto a peinar el río y la búsqueda se extenderá a otras zonas
que sirva para esclarecer lo ocurrido. Bretón, ex militar y padre con fama de estricto pero cariñoso, se mantiene firme en su versión inicial. Ya estamos acostumbrados a personalidades así aseguran los investigadores rememorando algunos casos de desapariciones pendientes. Una vía en la que se han depositado importantes esperanzas son los teléfonos. Por sorprendente que resulte, hasta ayer- -casi tres días después de la desaparición de los niños- -el juez encargado del caso, el titular de Instrucción número 4 de Córdoba, José Luis Rodríguez Laín, no autorizó escuchas telefónicas que se le pidieron el mismo domingo; no las veía justificadas pese a la gravedad del caso. Esta negativa provocó un profundo malestar policial. Fuentes judiciales destacaron que el magistrado no veía suficientes indicios para autorizar esa medida y señalaron que se trata de un experto en intervenciones telefónicas. Una vez se logre posicionar el teléfono del padre se podrá reconstruir con precisión cuál fue su itinerario el pasado sábado y saber a quién llamó y a qué horas. Con mucha cautela, poco a poco se van descartando algunos hallazgos. Los agentes encontraron el primer día en el registro de la finca el coche de Bretón con dos cuchillos y cinta aislante en su interior. Aparentemente estaban limpios, pero la Policía Científica está analizándolos por si encuentra algún vestigio aunque no parece probable, según las fuentes consultadas. La inspección ocular del vehículo tampoco ha arrojado resultados de momento. Lo que sí han logrado aclarar los agentes de Científica es que los restos óseos hallados en los rescoldos de una hoguera reciente sean humanos. Pertenecen a un animal, según los análisis de Antropología Forense, algo que ya apuntaba la primera inspección visual. Bretón reconoció ante los funcionarios que la enorme fogata en la finca, cerca del Río Guadalquivir, la había hecho él para quemar madera vieja y restos de la poda de rastrojos. Se intenta confirmar con exactitud, según fuentes policiales, si este hombre sufre trastorno bipolar o algún tipo de esquizofrenia, como apuntan algunos datos y que justificaría su aparente distanciamiento en una situación extrema como la que está viviendo: al menos en presencia policial no ha derramado ni una lágrima. Su frialdad ha llamado la atención de los agentes desde el momento en que denunció la desaparición. Su mujer Ruth Ortiz, la madre de los pequeños, de la que se separó