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ABC SÁBADO, 6 DE AGOSTO DE 2011 abc. es RELATOS ABCdeVERANO 77 PINCELADAS DE LA HISTORIA ANDALUZA D La colonización de Sierra Morena te a un eventual ataque de los bandoleros. El comerciante gaditano Raimundo de Lantery, que vivió en tiempo de Carlos II y nos dejó unas sabrosas memorias, señalaba que era particularmente peligroso el paso que llamaban desierto de la Parrilla, en las proximidades de Écija- -supongo que lo de Parrilla aludía al tremendo calor que se sufre en la zona durante los veranos que han dado lugar a que se denomine a Écija como la sartén de Andalucía -y que, según se decía, algunos de los salteadores de caminantes y viajeros eran jóvenes caballeros de la zona. En el reinado de Felipe IV la osadía de los bandoleros llegó al extremo de asaltar a los correos reales y a apoderarse de caudales pertenecientes a la Real Hacienda, ayudados por la impunidad en que cometían sus fechorías en unos parajes desérticos. La política de los ministros ilustrados de Carlos III buscó poner fin a esa situación, aunque el bandolerismo refugiado en las fragosidades de Sierra Morena se mantuvo muy activo durante el siglo XIX, mediante la colonización de ese vacío demográfico. El proyecto fue encargado al intendente de Sevilla, Pablo de Olavide, y se basó en el asentamiento de 6.000 colonos alemanes con sus familias. La condición impuesta por el rey fue que se tratara de gentes laboriosas y de religión católica. El reclutamiento de los colonos corrió a cargo de un militar bávaro, el coronel Thurriegel, quien los trajo hasta sus lugares de asentamiento. Así surgieron en 1767 las llamadas nuevas poblaciones, configuradas a partir de poblados que, en sus orígenes, se encontraban separados unos de otros, aunque con el paso del tiempo terminaron por reagruparse, dando lugar a poblaciones como La Carolina (Jaén) La Carlota (Córdoba) o La Luisiana (Sevilla) Se estableció la correspondiente organización administrativa con el nombramiento de alcaldes y de síndicos personeros, encargados de la defensa de los intereses de los vecinos. A los colonos se les entregaron lotes de tierras de unas cincuenta fanegas de extensión para que los pusieran en cultivo o los dedicaran a pastos para el ganado, también recibieron algunos animales como gallinas, cabras y ovejas, un par de vacas y una cochina para parir. Así mismo se les eximió de tributos y se les dis- POR JOSÉ CALVO POYATO urante siglos la extensa franja de terreno que se extiende entre las primeras estribaciones del borde sur de Sierra Morena y la margen derecha del Guadalquivir constituyó un verdadero desierto demográfico. El Camino Real que conducía desde Sevilla hasta el paso de Despeñaperros, apenas estaba jalonado por algunas ciudades y era mucha la distancia que las separaba. Resultaba difícil para los viajeros encontrar un lugar habitado a lo largo de las quince leguas que separaban Sevilla de Écija y lo mismo ocurría con las nueve que había desde esta última ciudad hasta Córdoba. El vacío entre Jaén y Depeñaperros era casi total. Esas extensiones de terrenos solitarios se prestaban a la práctica de toda clase de desmanes y fechorías, con lo que el bandidaje se convirtió en una verdadera lacra y en un motivo de preocupación para las autoridades. Los comerciantes que viajaban desde el eje configurado por Sevilla y Cádiz, en torno al comercio con América, hasta la corte necesitaban agruparse para efectuar sus viajes y, desde luego, arriesgaban mucho quienes no contrataban escoltas de protección que hicieran fren- En el siglo XVIII El reclutamiento de los colonos alemanes corrió a cargo de un militar bávaro, el coronel Thurriegel pensó un fuero especial. A pesar de todo, los colonos tuvieron que hacer frente a graves dificultades y en los primeros años muchos murieron y muchos otros abandonaron sus lugares de residencia. No fueron ajenas a estas dificultades las actitudes de los grandes propietarios de la zona que veían en los nuevos pobladores unos competidores e incluso unos usurpadores que, con el apoyo de la Corona, se habían instalado en unas tierras que consideraban suyas, aunque carecían de títulos de propiedad sobre ellas. Superadas las primeras dificultades, gracias al apoyo que recibieron de Olavide y de las autoridades reales, las nuevas poblaciones acabaron asentándose definitivamente y cambiaron el panorama humano de aquellos territorios. Hoy, como un recuerdo de su origen germano, abundan en la zona los apellidos de origen teutónico, como Herzog, Galiot o el castellanizado Partera, cuya raíz alemana es Parther. También la carga genética de aquellos colonos se ha mantenido entre los habitantes de las comarcas colonizadas y el vacío demográfico que tanto preocupó a viajeros y comerciantes de otros siglos quedó rellenado gracias a esta iniciativa de la política ilustrada desarrollada por los ministros carolinos. Paraje de Sierra Morena en el municipio de Peñarroya- Pueblonuevo