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ABC DOMINGO, 29 DE MAYO DE 2011 abc. es deportes 95 Mejora en París Rafa Nadal recupera destellos de su juego en Roland Garros Final de rosa Alberto Contador deja todo listo en Sestriere para ganar hoy su segundo Giro denada, un fuera de banda propio perdido, un error del línea al no ver el fuera de juego de Giggs y la llegada de Rooney, que no necesita más. Rooney tiene pinta de estibador con la barriga llena de cerveza, pero nunca ve doble. Al contrario, ve mejor que nadie el hueco entre el portero y los palos. Y ahí se la puso a Valdés. Así que vuelta a empezar. Era una final. Nada es fácil en una final, ni siquiera lo que parece fácil. Pero el Barça ya había olido sangre. Vio que el rival era factible, que estaba debilitado y que lo había tenido al borde del abismo. Así que, convencido, muy convencido, de que suya era la verdad, se fue a por el Manchester. Le encerró totalmente, pero sin encontrar muchos huecos. Hasta que apareció el de siempre, el mejor: Leo Messi. Entró en el carril del ocho, trazó una ligera diagonal y encontró hueco para meter un zurdazo tremendo, abajo, duro y raso, perfecto para vencer la resistencia de un pedazo de portero de 1,90. Golazo que puso las cosas en su sitio. Como siempre, donde siempre, y en el momento exacto, apareció el mejor jugador del mundo para aupar a su equipo arriba del todo. En ese momento, justo en ese momento, el partido quedó en los pies de Messi. El Manchester, no le quedaba otra, tuvo que irse arriba como podía, con lo que tenía, y dejó metros atrás. Xavi, el sabio, e Iniesta, el chico más listo de la clase, empezaron a buscar con ansia devoradora a Messi, que hizo una escabechina. Cada arranque barcelonista era un peligro en los pies del argentino, que preparaba la puntilla. Los ingleses se apoyaron en Van der Sar para aguantar. Una internada de Messi, un tiro de Xavi... Se mascaba la sentencia. Y lo hizo Villa, tras jugada de Messi que acabó rematando a la escuadra tras una recuperación de Busquets. Era el fin de la historia. La justicia al mejor fútbol del mundo. BARCELONA Valdés Alves (87) Mascherano Piqué Abidal Xavi Busquets Iniesta Villa (85) Messi Pedro (90) Keita (85) Puyol (87) Afellay (90) 3 MANCHESTER U. Van der Sar Fabio (68) Ferdinand Vidic Evra Valencia Giggs Carrick (76) Park Rooney Chicharito Nani (68) Scholes (76) 1 E. RODRÍGUEZ MARCHANTE LA FLOR Y EL CHICLE GOLES 1- 0, m. 27: Pedro. 1- 1, m. 34: Rooney. 2- 1, m. 54: Messi. 3- 1, m. 69: Villa. EL ÁRBITRO Viktor Kassai, de Hungría. Amonestó a Alves, Carrick, Valencia, Valdés S LA FIGURA Messi Apareció en el momento oportuno para decantar el partido. A partir de ahí, asistido por los suyos, fue un ciclón desatado. LO MEJOR La paciencia y confianza del Barcelona en su juego, que le acabó dando réditos. El arranque de Messi, la templanza de Xavi y el orden de Busquets. Buena defensa de Vidic y de Van der Sar. Barcelona 20 11 5 5 784 45 64 64 LO PEOR El United tuvo poco fondo. Se hundió a los quince minutos y ya apenas pudo levantarse. En la segunda mitad se vio superado en todas las líneas y apenas pasó del medio campo. Flojo partido de Alves. Manchester Remates Remates a portería Faltas cometidas Fueras de juego Pases Balones recuperados Balones perdidos Posesión %3 1 16 1 390 50 73 36 Preparada la puntilla REUTERS nutos de toque, el Manchester vio borroso. Solo el gran partido de Carrick y Vidic evitó males mayores, pero el Barça cometió el error de no mandar a sus naves a quemarlo todo, a Alves a que metiera el cuchillo, a Villa a que entrara por los carriles, a mirar más a Messi. En ese intervalo el conjunto de Pep perdió la gran ocasión de cerrarlo todo. Después llegó una estupidez enca- Gesto con Abidal El francés, operado 72 días antes, levantó la copa en lugar del capitán Puyol alieron los ingleses como si el partido fuera a durar diez minutos: se comían la hierba... Los jugadores del Barça se pusieron un momento a ver pasar el tren. Y pasó. A los veintisiete minutos de partido, cuando Xavi encontró el balón, le dio un pase a Pedro que, además de gol, fue una rociada de veneno a la rosa que sir Alex Ferguson llevaba en el ojal. Se le vino abajo, se pudrió al instante. Pero el Barça quería épica y le permitió a Wayne Rooney que pusiera de nuevo en marcha el tren. Golazo para dejar una segunda parte más abierta que las heridas de Mourinho (o de Valdano, si prefieren) Y por esa herida coló un gol brutal, seco como un martini, como un polvorón, Leo Messi, y que provocó que sir Alex se tragara el chicle y tuviera que pedirle otro al cuarto árbitro. Messi volvió. Y volvió. Y volvió Messi, pero la clavó Villa... La flor marchitada, el chicle era pura lava y el partido, un volcán. El Barça empezó a escribir sobre el césped de Wembley esa literatura futbolística que hará historia. Perdón: Historia.