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60 FERIA DE CÓRDOBA DOMINGO, 29 DE MAYO DE 2011 cordoba. abc. es ABC TOROS El Fandi, que tuvo un gesto contrariado toda la tarde, coloca un par de banderillas de manera muy poco ortodoxa ROLDÁN SERRANO La terna, temerosa de un peligro que sólo ellos veían, fue incapaz de sacar nada de provecho de un noblote encierro de Torrestrella El Fandi y la lucha grecorromana Contracrónica Agustín Jurado namuno tenía la teoría de que la perfección estética partía de la idea de quietud. La quietud, la ausencia de movimiento, es la aspiración máxima perseguida por todo aquello que aspire a la belleza. Los tres toreros de ayer difícilmente conseguirán alcanzar la belleza por la sencilla razón de que para ellos la quietud es el nombre de una tienda de comestibles de su barrio. Y eso que el encierro de Torrestrella corrido ayer, a pesar de lo manifestado por los toreros, no presentó unas dificultades especiales. Alguno tuvo un comportamiento algo brutote, pero a todos se les podía sacar faena. Y el tercero fue posiblemente el mejor toro de la feria. Ante ellos, ninguno de los tres espadas fue capaz de quedarse quieto, correr la mano, rematar atrás, cruzarse al pitón contrario para efectuar el cite, en fin, lo que es torear. Respingos, precauciones que no venían a cuento y trapazos por toda la plaza fueron los argumentos expuestos por los tres espadas. A partir de aquí la terna, en comandita, comenzó a recurrir al socorrido teorema del peligro sordo Es este un concepto complejo e incomprensible para los espectadores. Hay peligro evidente, pero sólo lo ve el que está delante, el que está iniciado en el mundo del toreo. El aficionado de a pie no tiene el oído afinado, a resultas de lo cual es sordo a dicho peligro, es inculto de ese saber. Claro, será eso. Será que somos todos memos y no oímos ese peligro. Así las cosas, El Cordobés anduvo toda la tarde abrumado por las dudas. Unas eran dónde colocarse, otras cómo citar y otras cuánto quedaba para irse al hotel a ver la final de la Champions League. Se desentendió de las lidias de sus toros y se le vio siempre a merced de sus oponentes. Lo dicho, una duda de verde botella y oro. El Fandi por su parte recurrió, como en él es costumbre, a la lucha grecorromana. Consiste ésta en la aplicación activa de los U EL ENCIERRO DE TORRESTRELLA NO PRESENTÓ UNAS DIFICULTADES ESPECIALES principios de este noble deporte a la tauromaquia. Como evidentemente las fuerzas son desiguales, dicha aplicación consiste en mirarse ambos oponentes fijamente para, iniciado cada lance, retorcerse toro, torero y muleta en mantazos y banderolazos a modo de los deportistas de esta especialidad. Da igual la colocación del torero y da igual el temple empleado porque es cuestión de destreza primitiva y visceral. La imagen final del espectáculo aparenta ser la de dos fuerzas motoras luchando entre sí en violenta disputa con una muleta de por medio que es el elemento material que genera dicha disputa. El que se la quede, gana. A Leandro le correspondió la perita en dulce de la feria y a poco la agria. Siempre a merced del toro, no se atrevió a sacarlo a los medios porque allí le iba a pedir la documentación y el torero no estaba seguro de llevar todos los papeles. Así se refugió en tablas y pasó por alto y como pudo a su oponente componiendo una faenita muy por debajo de las condiciones del toro y que sacó a relucir sus carencias. Así que la corrida fue una birria. Soporífera hasta para un sábado de feria. Si Unamuno levantara la cabeza y viera tanta ausencia de quietud y tan poco temple acusaría a los intervinientes, sin ninguna duda, de malos artistas, además de ser incapaces de establecer un juicio crítico de su labor. Nunca parecen tener la culpa de nada, siempre es de otro, del toro, de la gente que no ve el peligro sordo o de alguien que pasaba por la puerta de la plaza de toros.