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ABC MARTES, 27 DE JULIO DE 2010 abc. es verano 2010 CULTURA Y ESPECTÁCULOS VERANO 83 desmitificación del tema y forma simbólicos de esta ópera romántica. El coro mixto, los caballeros del cisne y el pueblo brabanzón se transforman en una manada de ratas (negras masculinas, blancas femeninas) más un grupito de comparsas infantiles como ratoncitos blancos a modo de grácil recurso jocoso. El propio cisne es metamorfoseado en diferentes versiones con un féretro como barca. Neuenfels desguaza literalmente los personajes de toda dimensión legendaria, heroica, encuadrándolos en el ambiente aséptico del laboratorio científico, en un experimento con ratas clausurado con una interrogante agnóstica ante un mundo de confianza y amor. Al final, lo de siempre: clamor jubiloso para cantantes, coro y orquesta, y ruidosas protestas para el equipo escénico. Cuando Neuenfels y su escenógrafo salieron a saludar surgió de la grada una tromba de abucheos. Katharina Wagner, que le considera uno de sus ídolos y maestros escénicos, la calificó de producción absolutamente certera Juntamente con su hermanastra, saltó al escenario para contener el clamor de la protesta y le besó ostensiblemente la mano. Cabe aventurar ya que este montaje no pasará a la historia, ni marcará pautas como los de Fidelio (2004) y Penthesilea (2007) A tono con el fluido escénico, A. Nelsons comenzó el preludio con acusada parsimonia y antipatetismo, y mantuvo firmemente embridada a la orquesta, prácticamente hasta el tercer acto. Permitió al coro excesos de volumen, pero asistió bien a los cantantes y se adaptó relativamente a la intrincada acústica de la sala. La magnífica acústica más el carácter lírico de ciertos pasajes, cantados casi como lieder, favorecieron la interpretación de J. Kaufmann, sensiblemente superior a su versión muniquesa en 2009: agudos esplendorosos, aunque algo engolada la emisión en los registros medios. No pocos- -por ejemplo, una vivaracha dama de 96 años que de niña fue compañera de clase del difunto Wolfgang, el nieto de Wagner- -vinieron expresamente para oír al nuevo astro canoro mediático. Fue el triunfador de la noche. A. Dasch (Elsa) comenzó nerviosa, insegura, gris. Su primer punto álgido pasó desapercibido. Luego fue compenetrándose con el papel, pero sin convencer plenamente su articulación y comprensión textual. Muy meritorios G. Zeppenfeld (rey Herinrich) en este difícil papel para todo bajo por su alta tesitura, y el coreano Samuel Youn (Heraldo) Más desigual, H. -J. Ketelsen (Telramund) En el marco del buen hacer general, desentonó E. Herlitzius (Ortrud) pues trocó perversidad con estridencia, hasta eclipsar acústicamente a su contraparte Elsa en el segundo acto, y escuchó sonoras muestras de desagrado. Un balance escénicamente controvertido y musicalmente aceptable, con acertados cambios en el elenco vocal que presagian tiempos mejores. La voz de Kristofferson y el country de Costello subliman Jazzaldia BEl vozarrón romántico del americano y la habilidad instrumental del británico cerraron el festival donostiarra IÑAKI ZARATA SAN SEBASTIÁN Antipatetismo Rotunda fiesta de adiós al Jazzaldia en la Trinidad, con los aires country de Kristofferson y Costello. ¡Viva el Jazzaldia y la vieja guardia! Se despidió la 45 edición del festival de Jazz donostiarra, en la plaza de la Trinidad, con Kris Kristofferson y Elvis Costello. Primero debutó el más veterano y después el más joven volvió a soliviantar la Trini en una redonda clausura. Vozarrón romántico del americano y habilidad instrumental del británico y su grupo. Costello venía casi más americanizado, metido en las salsas country que ya había probado en otras ocasiones y, en este caso, compartiendo cartel con precisamente uno de los emblemas de la música popular yanqui del último medio siglo: el cantautor vaquero Kris Kristofferson. El recinto, sin sillas, parecía reventar a causa del gentío. Aunque el firmamento estuvo muy tontorrón y no lució precisamente brillante para la ocasión tampoco se portó mal del todo. El jueves, mister Kris Kristofferson cumplió 74 años. El ahora bardo de barba cana nació en el 36 en Brownsville, estado Texas, USA. Lleva pisando tablados casi medio siglo, pero parece que aún no lo había hecho en un escenario español. Igual actor que cantor, un clásico de Hollywood, guapo galán de tieso porte y especialista en tonadas de melancólicos ecos campestres, Kris es más yanqui que la bandera de las barras y las estrellas. Por eso arrasa entre quienes gustan del country and western más romántico e intimista. Y por eso no agrada a quienes llevan el antiyanquismo como actitud; demasiado americano para ciertos paladares que no entienden qué pintaba en el programa del Jazzaldia. Pero ellos se lo pierden porque el ahora ya bien madurito autor de Me and Bobby McGee canción de anchas libertades individuales que popularizó a comienzos de los años setenta del pasado siglo su entonces amante y prematuramente fallecida Janis Joplin, es un intérprete entrañable. Juglar a la vieja usanza, con el sólo apoyo de su guitarra acústica y la armónica, el tejano se valió y sobró para hacer que le atendiera una audiencia que alborotaba festiva es- Bardo de barba cana Kris Kristofferson y Elvis Costello, mano a mano en San Sebastián. EFE perando la prometida y conocida marchita de Elvis Costello. Pero se hizo respetar el countryman desempolvando variadas gemas de su brillante colección particular, la mayoría incluidas en el reciente discolibreto Please Don t Tell Me How the Story Ends que recupera grabaciones originales en formato de maqueta de entre los años 1968- 1972. El fiestón de la segunda parte de la clausura jazzera arrancó con el siempre pletórico Declan Patrick MacManus, esta vez acompañado por una banda de lujo de lo mejor de la escena country USA, que ha bautizado como The Sugarcanes. El caribeño nombrecito tiene directamente que ver con el álbum que presentan: Secret, profane sugarcane Es el regreso de Elvis Costello a la tierra del country, bastantes años después de su iniciático Almost Blue de 1981. Back to Nashville que diría un castizo. Y de la mano del influyente T- Bone Burnett, viejo amigo del británico. Y a Burnett le ha tomado Elvis Costello prestadas algunas estupendas Cañas de Azúcar que resumen lo mejor del genuino country. Acompañaron sobre las tablas de la plaza de la Trinidad a Costello el violinista Stuart Duncan, el mandolinista Mike Compton, el bajista Dennis Crouch o el virtuoso del dobro Jerry Douglas. Más Jim Lauderdale a la guitarra y Jeff Taylor en el acordeón. Puro lujo western inmejorable final de otro estupendo Jazzaldia, que juntaba por primera vez en un escenario a Kris Kristofferson y Elvis Costello cantando juntos tres canciones que ensayaron por la tarde en la prueba de sonido, entre ellas I Believe in You Un hito musical para Donostia. Kristofferson Juglar a la vieja usanza, con el solo apoyo de su guitarra acústica y armónica, el tejano se valió y sobró para cautivar Costello Puro lujo western que cantó junto a Kris tres canciones ensayadas por la tarde en la prueba de sonido