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ABC DOMINGO 17- -12- -2006 Víctimas de la la Guerra Civil CÓRDOBA 51 Dos escolapias, un fraile dominico y una teresiana ya están beatificados R. A. CÓRDOBA. Tres religiosas y un fraile cordobeses o asesinados en la provincia durante la contienda civil que aconteció entre 1936 y 1939 ya han sido beatificados por el Vaticano, gracias a causas iniciadas por las órdenes a las que pertenecían. Se trata de dos monjas escolapias llamadas María de la Iglesia Varo, natural de Cabra, y María Luisa Girón Romera, nacida en Bujalance. Las dos murieron fuera de Córdoba (la primera en Madrid y la segunda en Valencia) mientras cumplían con su labor evangelizadora. Las compañeras de Varo reconocieron su cadáver en el cementerio de la Almudena días después de que la sacaran del convento para tomarle declaración mientras que a la segunda la fusilaron en la playa. La beata Victoria Díez y Bustos nació en Sevilla pero es- Beata Victoria Díez taba destinada en el convento escolapio de Hornachuelos cuando estalló la guerra. La asesinaron junto a 17 hombres. De otro lado, al dominico José Mora Velasco, nacido en Córdoba capital en 1886, lo mataron en noviembre de 1936 en la tristemente célebre Paracuellos del Jarama (Madrid) FOTOTECA DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA CONVENTO DE MADRE DE DIOS DE BAENA R. C. Fue uno de los templos que sufrió la ira de la guerra durante la República y la Guerra Civil. En Córdoba se saquearon 92 iglesias. lador de la causa, de modo que es el responsable de la investigación sobre las circunstancias en las que los citados hombres y mujeres de Iglesia fueron ejecutados. Para ello, se está basando en los archivos civiles y religiosos y en la recopilación de testimonios orales. La principal fuente de información del especialista es el libro La persecución religiosa en Córdoba 1931- 1939 autoría de Manuel Nieto Cumplido y Luis Enrique Sánchez García. El trabajo, del que se prepara una segunda edición porque está agotado, detalla a lo largo de más de mil páginas la vida y la muerte de 117 religiosos cordobeses durante la contienda acontencida tras la sublevación militar del 18 de julio de 1936 contra el Gobierno republicano. favor de los fallecidos por razón de su fe entre 1936 y 1939, al tiempo que acaba de constituirse el Tribunal Ne Pereant Probationes (para que no se pierdan pruebas) Cuando se obtenga el nihil obstat del Vaticano, el obispo activará la fase diocesana del proceso, en la que habrá de constituirse otro tribunal específico y cuya duración estimada es de un año. A continuación, se entrará en la fase romana, donde la máxima autoridad eclesiástica decidirá sobre la causa explica Miguel Varona, que ha sido nombrado por el obispo postu- Verano y otoño de 1936 En el prólogo del minucioso estudio, Luis Enrique Sánchez puntualiza que sin tener en cuenta a los católicos que fallecieron únicamente por serlo (un informe de posguerra dice que de los 3.000 asesinados en la provincia, una tercera parte fue por sus ideas religiosas) los datos de la Iglesia de Córdoba son éstos: 82 sacerdotes más dos que murieron en las cárceles, lo que representa un 26 por ciento de la nómica diocesana; un subdiácono y un minorista, tres seminaristas, 18 religiosos, dos iglesias totalmente destruidas, 92 saqueadas, 16 parcialmente destruidas, 1.123 esculturas o tallas de madera destrozadas total o parcialmente, 1.068 lienzos de pintura y 152 tablas murales Para el historiador, no cabe duda de que la persecución era una realidad social irrever- sible, cuyo cénit y culminación cruenta tiene lugar en la diócesis de Córdoba, esencialmente en los meses finales de verano y primeros de otoño de 1936, arrojando un balance estremecedor, tanto en las personas como en las cosas Líneas más abajo, el autor precisa que a pesar de la ausencia de la identificación inicial de la Iglesia y los que desencadenaron la sublevación militar, ésta provocó una reacción antieclesiástica que alcanzaría tal grado de violencia destructora y de sadismo sangriento que nadie podría sospechar Juan Lucena Rivas Nacido en Baena en 1895 y ajusticiado el 27 julio de 1936 en Puente Genil. Cursó estudios religiosos en Roma y, de vuelta a España, fue coadjutor de la parroquia cordobesa de Santa Marina. El Obispado de Córdoba lo destinó a la localidad de Puente Genil en 1928. Juan Elías Medina Nació en Castro del Río en 1902 y fue fusilado el 25 de septiembre en esa misma localidad. Fue detenido el 21 de julio y un compañero de cautiverio redactó un diario en el que hay continuas referencias al sacerdote malogrado. A continuación se extractan algunos pasajes. Juan De la Cruz Herruzo Ruiz Nació en Obejo en 1884 y fue asesinado en Alcaracejos el 21 de agosto de 1936. Se hizo cargo de la parroquia de San Andrés de Alcaracejos en 1929. Empleó una herencia paterna en restaurar el templo parroquial y la casa del párroco. Los marxistas habían preparado en la estación de ferrocarril tres vagones para que sirvieran de prisión, en los que había carteles de burgueses fascistas y traidores El párroco fue detenido con su madre y metido en el vagón de burgueses el 25 de julio, donde permaneció hasta el 27. Una voz siniestra pronunció su nombre: ¿Entonces es éste el cura? preguntó alguien. Sí, soy yo contestó. Pues reza lo que sepas obtuvo por respuesta el sacerdote. Al salir, fue herido por un rojo en la cara con una bayoneta y le ataron las manos a la espalda. Un miliciano le arrancó violentamente la medalla que llevaba pendiente del cuello cuando lo llevaban al cementerio. Le dejaron cadáver como a otros ejecutados, siendo luego arrojados a la hoguera. Había celebrado su última misa el 23 de julio Cuando a medianoche se aproximaba algún camión nos incorporábamos atemorizados La generalidad de los reclusos que llegamos a juntarnos vivíamos con la angustia y sobresalto de un trágico final, alterado solamente por breves momentos de optimismo, si bien no nos importaba morir con tal de que salvara la patria, ni nos gustaría vivir en una sociedad anarquista o comunista. Don Juan Elías estaba resignado a morir por Dios. No nos separábamos de Don Juan, tanto para oírle cuanto para preguntarle, y él nos confortaba con palabras llenas de amor, de fe y de esperanza, cuya ternura y candor las hacían más dulces y deseables, y plenas también de enseñanzas teológicas y consideraciones acerca de la brevedad y escaso valor de la vida y del tránsito a una vida mejor Fue asesinado después de varios días de cárcel en el pueblo. Lo condujeron a una mina a 4 kilómetros de la localidad. Al llegar a este lugar, y ya fuera del camión que lo conducía, le pidió permiso a sus verdugos para hablarle a otros varios que le acompañaban y que corrieron su misma suerte, permiso que le fue denegado. Le hicieron varios disparos en el vientre, y pidiendo él mismo que lo matasen ya no lo hicieron para martirizarle y, cuando se cansaron, lo arrojaron a un pozo de la mina, vivo aún y gritando Viva Cristo Rey Estos seis textos y las fotografías están recogidos del libro La persecución religiosa en Córdoba 1931- 1939 escrito por Manuel Nieto Cumplido y Luis Enrique Sánchez, y que está basado en testimonios de testigos y en documentos históricos.