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74 Cultura DOMINGO 3 10 2004 ABC Marcial Gómez posa para ABC en su estudio, rodeado de pinceles y paletas con pruebas de color y con su última obra en proceso de revisión MARCIAL GÓMEZ Pintor Mi pintura ha nacido de la libertad CÓRDOBA. Un estudio diáfano, en cuyas paredes se apilan las obras de toda una vida, en el que sobresale un enorme caballete al que complementa una mesa repleta de botes de óleos y acrílicos, paletas repletas de pruebas de color. Es el estudio al que Marcial Gómez sube cada tarde para dar las últimas pinceladas a las obras que considera inacabadas, proyectos que se dilatan en el tiempo en la búsqueda incesante del efecto, del juego cromático deseado. El pintor recibe a ABC en su santa sanctórum en compañía de su hijo Miguel Gómez Losada, pintor como él y estrecho colaborar en la selección de las obras que formarán parte de su homenaje antológico. Éste recordará sus inicios como dibujante de cómic- -tuvo que rechazar una oferta de Alex Raymond para participar en un largometraje de animación de Flash Gordon por tener que marchar a Estados Unidos- su éxito como dibujante textil y su posterior eclosión como pintor. Siempre autodidacta y con la libertad como bandera. La charla con el maestro Gómez no resulta una entrevista de cultura. Las respuestas están trufadas de sentimientos y honestidad, las palabras se acompañan de dosis de emo- La Fundación de Artes Plásticas Rafael Botí inaugura el próximo jueves una muestra antológica de este autor, icono de la pintura cordobesa durante las últimas décadas del siglo XX TEXTO: RAÚL RAMOS FOTOGRAFÍA: VALERIO MERINO ción. Y una cosa queda meridianamente clara: el amor a una profesión que aún le mantiene inquieto. Cada tarde sube a su estudio para mejorar cuadros (algunos le llevan hasta dos años de trabajo) ¿Por qué eligió ser pintor? -Simplemente, porque me gustaba pintar. Pero siempre como autodidacta, porque no tenía vocación de estudio. Todo se remonta a la época en la que comencé a trabajar. Me atrajeron mucho los tebeos y, como era inquieto, le mandé una carta al autor de los cómics de Flash Gordon Alex Raymond. Para mi sorpresa mantuvimos una fluida correspondencia durante más de dos años. Le mandé dibujos y, entonces, me propuso trabajar como dibujante en una película de animación de Flash Gordon Me tenía que ir a Estados Unidos y mi madre no me dejó. Era difícil tomar una decisión de ese tipo en 1953. Tras esta negativa, seguí trabajando en la tienda de tejidos Rodríguez y Espejo, donde descubrí que podría dedicarme a los dibujos para estas prendas. Y me fui a probar suerte a Palma de Mallorca. Allí vendí mi primer dibujo de decoración textil por 3.000 pesetas y, también, descubrí que tenía que mejorar. Me puse manos a la obra y comenzó a viajar por Rusia, Yugoslavia e Italia para buscar nuevos ornamentos. Me dieron el Premio de Diseño Textil en la primera y última vez que me he presentado a un certamen. Fueron años de mucho dinero, de estancias en la Costa Azul en hoteles que daban miedo. Pero paré. Decidí que quería pintar en serio. Pensé que no necesitaba la ayuda de nadie en, quizás, un exceso de orgullo... Pero comencé a hacer lo que me gustaba, al principio con muchos fallos, sin patrón ni claves. ¿Cómo asume ese riesgo de dejar un trabajo seguro? ¿No le hacen mella las primeras críticas a su trabajo, las críticas de los academicistas? -Las pinturas que creo que son malas, las borro. Siempre me quedo con las que considero que son buenas. Siempre estoy abierto a lo que me puedan decir. Pero la pelea con las personas que tienen formación, literatura pictórica es dura. Porque el abstracto más abstracto está respaldado por una teoría. No tengo capacidad para copiar y me dejo guiar por mi imaginación. El que un cuadro esté bien o mal no es algo que pueda determinar la gente. ¿Nunca ha tenido corsés, dependencias de modas o grupos? ¿Siempre ha sido un defensor de la individualidad del artista? -Mi obra ha nacido de la libertad. No he estado condicionado por nadie. Le pongo un ejemplo. Este año me encargaron el cartel de la feria de Córdoba y me tomé el reto con gran empeño. Siempre se ha considerado el cartel como algo menor, pero yo no lo creo así y puso toda mi creatividad en esta obra. Y salió un cartel que creo que no tiene muchos puntos en común con lo que se venía haciendo. Fue un dibujo moder-