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72 DOMINGO 26 9 2004 ABC Toros FERIA DE POZOBLANCO Jesulín de Ubrique cerró su temporada con oreja La buena corrida de Jaralta no fue aprovechada en su totalidad Plaza de toros de Pozoblanco. Sábado 25 de septiembre de 2004. Tercera corrida de toros. Tres cuartos de plaza. Se lidiaron seis toros de Jaralta propiedad de Santiago Muñoz, de correcta presentación. Destacaron por su buen juego primero, tercero y quinto, que fueron ovacionados en el arrastre. Jesulín de Ubrique, de blanco y plata. Dos pinchazos y estocada en el que abrió plaza (ovación) Gran estocada, (oreja con petición de la segunda) Manuel Díaz El Cordobés de blanco y oro. Estocada trasera y descabello (ovación) Dos pinchazos, estocada tendida y dos descabellos, (ovación con saludos) El Capea de grana y oro. Cuatro pinchazos y un descabello (palmas) Pinchazo, estocada trasera y descabello, (gran ovación) corte. Con la muleta Jesulín estuvo técnico, con su habitual templanza y siempre en la distancia justa, consiguiendo dos tandas sobre la mano izquierda, que tuvieron como virtud fundamental, ese temple que siempre tiene Ubrique. Pero estuvo quizás demasiado frío ante ese gran toro que tuvo más cosas dentro. Le hubiese cortado las orejas si no falla con la espada. El cuarto fue un toro alto de agujas, colorao y que tuvo el defecto de humillar menos que el anterior. Ahi sí estuvo Jesulín más en su línea y sobre todo más enfilado. Lo mató muy bien de una gran estocada. Manuel Díaz El Cordobés tuvo ante sí un lote muy dispar. Su primero, un toro colaorao, largo y alto de agujas se lastimó la mano derecha y claudicó en varias ocasiones desluciendo el trasteo de un Manuel Díaz, que siempre estuvo valiente y derrochando voluntad. El quinto fue otro cantar, embistió mucho y bien el toro y El Cordobés jugó los brazos con Jesulín de Ubrique, en un templado derechazo templanza al torear a la verónica y después con la muleta tras dos series de derechazos en los que el toro siempre le derrotó. Al final de la suerte, se echó la muleta a la izquierda y cuajó dos series sobre esa mano muy templadas y con ritmo. Después, vinieron los adornos, los saltos de la rana y esas cosas, que Manuel Díaz tiene que seguir haciendo para ser fiel a sí mismo. Debutaba en Pozoblanco El Capea hijo, que tuvo en el tercero un excelente colaborador, un toro noble que embistió con calidad por los dos pitones y al que Capea había recibido con una larga cambiada de rodillas. QUERCUS ANDRÉS DORADO CÓRDOBA. Abrió plaza en esta tercera de Pozoblanco de ayer, un gran toro que tuvo calidad, fijeza, nobleza y recorrido, y con el que Ubrique instrumentó unas verónicas templadas y de buen Después con la muleta, no siempre se acopló con la calidad del toro, aunque hubo buenos muletazos sobre el pitón derecho y sobre todo los remates de final de tanda muy templados. Pudo cortar las orejas, pero el sainete con la espada le privó de los trofeos. El sexto fue un toro andarín, que casi nunca la dejó estar a gusto, aunque cuando el toro metía la cara en la muleta seguía el trasto que el torero le marcaba. Pero su constante movimiento impedía que el torero reposara la suerte. Siempre, eso sí, Capea estuvo valiente y con mucha voluntad. De nuevo perdió el trofeo al fallar con el descabello. FERIA DE SAN MIGUEL DE SEVILLA El otoño de los toreros en flor Real Maestranza de Sevilla. Sábado, 25 de septiembre de 2004. Tres cuartos de entrada. Toros de Parladé, desiguales y agradables de presentación, y un sobrero de Gerardo Ortega (1 bis) descastados en líneas generales; sirvieron más el 1 y el 2 Sebastián Castella, de nazareno y oro. Pinchazo, estocada corta rinconera y descabello (silencio) En el cuarto, estocada corta (silencio) Salvador Vega, de purísima y oro. Estocada corta caída (saludos) En el quinto, estocada atravesada (silencio) Matías Tejela, de azul pavo y oro. Estocada (silencio) En el sexto, pinchazo y estocada (silencio) Juan José Trujillo destacó con las banderillas. un volatín en uno de los muchos capotazos absurdos le castigó como una vara más. Pero aun así bien que valió. Incluso con esa afición a levantar la cara en el tramo último de cada muletazo. La nobleza fue su nota. Una nobleza un punto brusca de principio, como la de esos tíos que te tienden la mano y te la aprietan como si fuera una esponja para luego ser tipos amables. La faena transcurrió, simplemente. Dicen que el valor de Castella es frío; no sólo el valor, añado. Más posibilidades, muchas más, le ofreció éste que el parado y santo cuarto, con el que ni siquiera los tendidos le permitieron el arrimón en el que se gusta, pisar los terrenos de cercanías en los que se siente. Qué poquito ángel y cuánta voluntad. Más duendes le acompañan a Salvador Vega. Quiso con el capote a la verónica, aunque no le saliera. Y quiso con la muleta, por momentos con mejores engarce y reunión sobre la mano derecha; en otros, sobre la izquierda, el abusivo desplazamiento de los viajes desfiguró lo que debían ser una composición y un bronce únicos. En un muletazo de pecho lo enganchó de forma seca por la axila, sin más consecuencias que el susto. A pesar de las aristas más duras del toro, tuvo que estar mejor, apretar el acelerador. El otoño necesita de toreros en flor para cuando llegue la primavera, no que se contagien del otoño y sus hojas caídas en suave Salvador Vega se dobla con uno de sus toros vuelo hacia la nada. Las dobladas del cierre, un cambio de mano, dos derechazos a media altura, pusieron la miel en los labios, un dulce que necesitaba del acompañamiento de un Pedro Ximénez de calidad. A Vega se le apagó el quinto como una llama bajo un vaso. Un toro grandón, noblón y chochón, tan escaso de juego como de casta, en la línea de toda la corrida, que se le abría mucho en una mano diestra que de por sí abre mucho los toros. Recordemos Bilbao y pensemos en la primavera que siempre vuelve, aunque aquí siempre se queda. Matías Tejela anda tristón y desilusionado. Vale que el terciado tercero, sin fuerza alguna, fuese el material propicio para abreviar. Pero ese ánimo no corresponde a Tejela, al Tejela que hemos conocido desde novillero MILLÁN HERCE ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. ¿Por qué siempre Sevilla vive en primavera? ¿Por qué en otoño el sol templa las calles y el río baja cansado del fogoso verano? ¿Por qué los toreros en flor y con hierba en la boca no se inspiran del aire de la Maestranza y de sus arcos como capotes boca arriba? Sebastián Castella inspiró un lamento callado de pena cuando el toro de las 18.30 se descoordinó tras varias carreras, tal vez después de un par de derrotes evitables contra los burladeros, y se marchó a los corrales con el juego por demostrar y las probabilidades bravas que evidenció. El sobrero de Gerardo Ortega, de mucha mayor presencia por delante que por detrás, sufrió no ser lidiado con medida y eficacia: en Madrid, a las espléndidas tardes de naturales que nos brindó las últimas Ferias de Abril. El sexto duró un poco más, muy poco, para luego perderse en la abulia y en la atonía. Evidentemente la corrida de Parladé no fue como para tirar cohetes, descastada y agradable, desigual y fácil, un material como para que la gente que se presupone que debe arrear arree, y no estas medias tintas otoñales que no corresponden a toreros en flor. Su buena capacidad resolutiva con la espada quizá fuese lo más destacado de sus actuaciones, lo que se compensa con un notable adocenamiento con el capote: los tres quitaron por chicuelinas, y juro por mis muertos que ninguna fue como aquéllas que dibujaron Chicuelo, Manolo González, Camino o Manzanares en este mismo albero.