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62 Cultura SÁBADO 25 9 2004 ABC Fallece Françoise Sagan, la novelista que irrumpió en la literatura a los 19 años con Bonjour tristesse El fulgurante éxito de su primera novela convirtió a la autora francesa en personaje de culto b Víctima de una embolia pulmonar, Sagan deja una obra densa y llena de matices que no oculta una atormentada existencia en sus últimos años de vida JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Ayer murió muy prematuramente, en Honfleur (Normandía) víctima de una embolia pulmonar, a los 69 años, Françoise Sagan, de cuya primera novela, Bonjour tristesse publicada a los 19 años, se publicaron un millón de ejemplares, en pocos meses, por el tono melancólico y sulfuroso de su prosa, que pronto la convirtió en una leyenda comparable, en su época, a figuras como Brigitte Bardot o James Dean. Françoise Quoirez nació el 21 de junio de 1935 en Carjarc (Lot) en una familia acomodada, pero se educó en París, donde comenzó estudios literarios en la universidad de la Sorbona. Tras sus primeras lecturas apasionadas de Gide, Camus, Sartre, Rimbaud y, sobre todo, Marcel Proust, antes de acabar su carrera de filóloga en ciernes, escribió en pocos meses una novela jubilosa, feroz, escandalosa. Su primer editor, Robert Laffont, decidió hacer una primera edición de 2.000 o 3.000 ejemplares. Pero el contrato debían firmarlo sus padres, porque la autora era menor de edad. Cuando su padre leyó el manuscrito de Bonjour tristesse se quedó horrorizado. Y pidió a su hija que se buscara un pseudónimo, para evitar problemas con sus amistades. Gran lectora de Proust, Françoise Quoirez encontró en la Recherche el pseudónimo de Sagan, un linaje aristocrático. La novela habla de un trío amoroso desencantado: Cecile, adolescente, aboca al suicidio a la amante de su padre, en una Costa Azul de leyenda. El tono de voz, la eficacia de la prosa, la misteriosa relación entre una novela corta y la juventud de su época, transformaron ese libro en un fenómeno de sociedad. Se vendieron un millón de ejemplares en pocos meses. Y la traducción a una veintena larga de lenguas dió a Françoise Sagan una estatura internacional inmediata. Durante bastante tiempo, la leyenda de su libro convirtió a la autora en un personaje mítico, la encarnación de una manera de vivir entre el lujo, el desencanto, la aventura y las pasiones, muy semejantes a las de muchos personajes de las primeras películas de la Nouvelle Vague Millonaria antes de los veinte años, la Sagan abandonó los estudios, se compró un primer Jaguar de segunda mano, y se consagró a la escritura con la inteligencia serena de quien no se consideraba una buena escritora, pero estaba dispuesta a aprender. Con motivo de la traducción al in- ADIÓS TRISTEZA ANNA CABALLÉ ubo un tiempo en que la juventud española, tan aislada del mundo exterior en los años cincuenta y sesenta, concentraba su atención en aquellos signos que pudieran hacer retroceder en algo la angustia que sentía por todo lo intuido y, al mismo tiempo, ignorado. Uno de esos signos fue sin duda la lectura de Buenos días, tristeza una novela corta escrita por una joven y desconocida Françoise Sagan. Se trataba de un librito de fácil lectura que venía a expresar, en clave existencialista, el estado confuso y expectante de una muchacha aparentemente curtida. Pero lo que yo recuerdo es que la novela empujaba al lector a soñar con otros mundos más deseables. Sagan se convirtió de inmediato en la voz femenina del existencialismo, aunque al borde de la piscina, para entendernos. Fue el icono de una juventud que exhibía públicamente su insatisfacción. Con los años, me he olvidado por completo de aquellos sueños, pero entonces no lo sabía. H Sagan en el apogeo de su fama, a principios de los sesenta AFP Célebre y millonaria, Sagan comenzó pronto a encarnar su personaje literario, entregada a una vida de lujo y apasionadas polémicas glés (norteamericano) de Bonjour tristesse en el 55, la Sagan se instaló una temporada en la costa Este norteamericana, donde trató a grandes figuras emergentes de la época, como Truman Capote, Tennesse Williams o Carson McCullers. De ese diálogo florecieron nuevas relaciones literarias, mal exploradas todavía. Convencida que la gran literatura era Marcel Proust y no Françoise Sagan, la autora de Bonjour tristesse siguió trabajando con ahinco. Siguieron Un certain sourire (1955) Dans un mois, dans un an (1957) que no tuvieron el éxito de crítica esperado. Quizá fuese Aimez- vous Brahms? (1959) la segunda novela re- cibida con creciente respeto. Por aquellos años, Francia comenzaba a vivir una suerte de guerra civil literaria que enfrentaba a los vanguardistas autores del nouveau roman (Robbe- Grillet, Claude Simon, Butor) y la vieja guardia de la novela tradicional, entre la que destacaban varios húsares muy combativos (Nimier, Deon, SaintLaurent) La Sagan escapaba a tales enfrentamientos, reconocida y admirada por grandes maestros consagrados, como François Mauriac, uno de los grandísimos popes de la época. Célebre, millonaria, la Sagan comenzó muy pronto a encarnar su propio personaje literario, entregada a una vida de lujo, placeres, viajes, droga y apasionadas polémicas. Sus aventuras en la Costa Azul o en Normandía, donde ha terminado muriendo, en su residencia de Honfleur, terminaron convirtiéndose en una crónica siempre al borde del escándalo. Respetada, admirada, desdeñada por cierta crítica, en ocasiones, la Sagan siguió amando, fumando, bebien- do, conduciendo a excesiva velocidad, y purificando su estilo. La Chamade (1965) Un peu de soleil dans l eau froide (1969) La Femme fardée (1981) De guerre lasse (1985) Chagrin de passage (1994) la instalaron ya para siempre en el olimpo de la fama mundana. Quizá con menos éxito, también escribió bastantes piezas de teatro, como Un château en Suède (1960) Les violons parfois (1961) Le Cheval évanoui (1966) Il fait beau jour et nuit (1978) Un piano dans l herbe (1994) Y no son nada desdeñables sus aportaciones personales a media docena de películas. Esa obra densa, compleja, muy rica en matices, quizá esté eclipsada, parcialmente, por la leyenda de Bonjour tristesse un libro menor y magistral a un tiempo, retrato involuntario de una cierta juventud dorada y desengañada en la inmediata posguerra. Con los años y la fama, la Sagan se hizo mucho más vulnerable, víctima de sus debilidades por el alcohol, la cocaína y un cierto desamparo que terminó por embarcarla en varios escándalos de crónica negra. Con su muerte desaparece una figura mítica. Descanse en paz.