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ABC VIERNES 7 5 2004 Cultura 65 Los premios Cante Premio Antonio Mairena, Jesús Chozas Premio Manolo Caracol, La Tremendita Premio Fosforito, desierto Premio Camarón, Yeye de Cádiz Premio Antonio Chacón, El Veneno Premio Cayetano Muriel, Jesús Chozas Premio Pepe Marchena, J. A. Camino Premio Niña de los Peines, desierto Baile Premio Mario Maya, Belén López Premio Matilde Coral, Lola Pérez Premio Antonio Gades, María Borrull Premio El Güito, desierto Premio Pilar López, desierto Premio Carmen Amaya, Soraya Clavijo Guitarra Premio Manolo Sanlúcar, G. Expósito Premio Juan Carmona, E. Trassierra Premios Especiales Silverio, Antonio y Paco de Lucía, desiertos nes que recibieron El Veneno- -premio Antonio Chacón- -y el montoreño Juan Antonio Camino- -premio Pepe Marchena- Quedaron desiertos, por falta de calidad de los concursantes, los galardones Fosforito y Niña de los Peines. Otras dos vacantes en la modalidad de baile declaró el jurado- -El Güito y Pilar López- La madrileña Belén López, con el premio Mario Maya encabeza la lista de reconocimientos en esta modalidad en la que también fueron distinguidos la cordobesa Lola Pérez- -Matilde Coral- María Borrull- -Antonio Gades- -y Soraya Clavijo- -Carmen Amaya- La modalidad de guitarra fue la única que se libró de los premios desiertos. Hubo dos distinciones que fueron a parar al cordobés Gabriel Expósito, que obtuvo el premio Manolo Sanlúcar, y el sevillano Eduardo Trasierra López que se llevó el premio Juan Carmona Habichuela. El guitarrista cordobés Gabriel Expósito se llevó el Premio Manolo Sanlúcar de la cita cordobesa VALERIO MERINO El jurado declara desiertos siete premios del Concurso de Arte Flamenco El madrileño Jesús Chozas logra dos galardones en la modalidad de cante R. RAMOS A. GARCÍA REYES CÓRDOBA. Siete premios se quedaron sin adjudicar en el XVII Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba. Ninguno de los participantes tuvo calidad, a juicio del jurado, para llevarse ninguno de los tres premios mayores de cada modalidad- -Silverio (cante) Antonio (baile) y Paco de Lucía (guitarra) Hubo más finalistas que nunca y más premios desiertos que en ninguna otra edición- -el pasado año se quedaron vacantes seis galardones- circunstancia que insta a reflexionar sobre los criterios establecidos en la fase previa, donde quedaron fuera importantes nombres del cante como es el caso de Carmen Grilo o El Palomar. Lo cierto es que la decisión del jurado del concurso cordobés ha fi- jado que el cantaor más notable que ha pasado por el Gran Teatro es el madrileño Jesús Chozas, a quien han concedido dos premios- -Antonio Mairena y Cayetano Muriel- La sevillana Rosario La Tremendita obtuvo el premio Manolo Caracol, mientras que Yeye de Cádiz fue distinguido con el premio Camarón. El cante cordobés fue distinguido por el jurado a través de la distincio- CRÍTICA DE FLAMENCO Joaquín Grilo Baile: Joaquín Grilo, Pastora Galván. Guitarras: José Quevedo, Ricardo Rivera. Cante: Carmen Crilo, José Antonio Núñez, Luis Moneo. Percusión: Paquito. Palmas: J. Carlos Grilo. Gran Teatro de Córdoba. 6 de mayo de 2004. Aforo: tres cuartos. GRILO SÍ QUE SUPO PREMIAR AL BAILE ALBERTO GARCÍA REYES E n Jerez hay bailaor. Se llama Grilo, Joaquín Grilo, y no necesita llevarse dos horas haciendo carantoñas para poner los meneos en su sitio. El Gran Teatro de Córdoba lo sabe. Anoche se enteró. Vio a un hombre que se recogió en el centro de las tablas para darse una vuelta por tangos y no necesitó más. Palmas en círculo. Todos de negro. A pelo. Marca aquí, niña. Y miró a Pastora Galván para retarla en el paso a dos. Cada uno a lo suyo. Los dos a lo mismo. Con patro- nes pero sin copia. La niña enseñaba las caderas. Él, los pinreles. Qué pies. Pies de verdad. Pies sin ojana. Sin percusiones vacuas. Con fundamento todo. Los brazos en su sitio. La improvisación también. Jugándose el tipo. Porque desde que entraron en las tablas hasta que se fueron la primera vez bailaron con las tripas. No dejaron ni un respiro a sus cuerpos para cuadrarse por seguiriyas. La coreografía, que había nacido de sillas opuestas, enseñó que ahí hay cabeza. Vamos que si la hay. Técnicamente, el jerezano es un portento. Hace cosas que pocos más alcanzan. Pero las hace sin medirlas. Las hace porque su arte se lo pide. Y eso no se estudia. Eso no. Vueltas, remates, escobillas revolucionarias, todo llega cuando tiene que llegar. Como el cante por cartageneras de su hermana, que alivia al dúo justo cuando el estrago asoma. Entonces regresa Pastora en soledad. Con bata de cola blanca. Por alegrías. Hace de su silueta una sierpe gracias a unos hombros prodigiosos y a una cintura de espasmo. Pero quizás sobró la cola. Cómo hubiera sido ese baile sin ella. Y ya no sobró más nada. Porque Joaquín resurgió en las maderas para engrandecer la danza jonda. Joaquín Grilo, liderando el paso a dos con Pastora Galván por seguiriyas Por soleá. A muerte. Si hay que levantar los brazos, que se descoloquen de los hombros. Aquí se viene a lo que se viene. Los desplantes eran fotografías de la gloria. Y he aquí que se produjo el cambio por bulerías. Qué delirio. Achicó el escenario comiéndoselo a patás. No repitió ni una. Alzó las manos donde quiso, remato cuando le dio la gana, se descuajeringó con equilibrio. Y bai- VALERIO MERINO ló en una loza. De verdad. Se subió a una tarima de un metro cuadrado e hizo virguerías con los pies, sobre todo en un contratiempo en rubato apto sólo para reyes del compás. Luego se bajó y siguió por donde venía. Llamó a Pastora. Se bailaron. Y qué sé yo qué más. Ni falta que me hace. Una hora. Está claro: el arte no se vende al peso. En Jerez no. Y Córdoba lo sabe.