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60 Los domingos DOMINGO 21 9 2003 ABC DETRAS DE LOS CANDIDATOS Tanto el popular Rajoy como el socialista Rodriguez Zapatero aspiran a vivir el próximo año en La Moncloa. El que lo consiga no irá solo. Le acompañará su esposa. No es extraño que despierte curiosidad el perfil de la futura presidenta Sonsoles Espinosa, en el año 2001. Un cambio de vida al que aún se resistía Cita en Vista Alegre. La esposa de Rodríguez Zapatero aceptó el baño de multitudes Sonsoles Espinosa: Cuando la sombra brilla con luz propia Sonsoles Espinosa Díaz no le gustan los efectos colaterales de la política sobre la vida privada. El día en que su marido fue elegido secretario general del PSOE lloró amargamente. Las crónicas de ahora dicen que se trataba de una mezcla de felicidad y miedo. Sin embargo, el trauma del traslado desde León a Madrid, la presencia constante de guardaespaldas, las alteraciones de los hábitos familiares y la dimensión pública de las esposas de los políticos abrumaron a Sonsoles. Y su marido es José Luis Rodríguez Zapatero. No obstante, Sonsoles Espinosa, hija de un militar atípico en aquellos años de Dictadura (laico, liberal y leído, con una estimable biblioteca heredada por la hija) conoció a su pareja cuando éste ya militaba en el PSOE. Ocurrió en el vestíbulo de la Facultad de Derecho, en los primeros días de febrero de 1981. El golpe del 23- F de ese año los unió en una manifestación y nueve años después, el 27 de enero de 1991 se casaban por la iglesia en Ávila, de donde es natural Sonsoles. Laura y Alba son las dos hijas de la pareja. La normalidad es el signo de distinción de este matrimonio. Se han filtrado datos sobre sus aficiones, sobre la semana al año que tratan de pasar solos, sin la compañía de sus hijas, sobre las amistades (generalmente relacionadas con los tiempos de facultad o de partido en León) o sobre la actividad profesional de Sonsoles como soprano en el Coro del Teatro Real, al que accedió tras el pertinente examen en junio de 2001, con Zapatero ya de máximo di- A TEXTO: PABLO PLANAS rigente del PSOE. Profesora de música para niños en el Colegió Leonés, Sonsoles ha esquivado hasta ahora los destellos de las cámaras, pero ya se ha dejado ver en algunos actos políticos. Hace exactamente una semana, con ocasión del mitin del PSOE en Vista Alegre (Madrid) para arropar a Rafael Simancas, saltó al albero y se sometió al bullicioso pasamanos de estas ocasiones. Salió a la par que Zapatero, pero acabó un par de metros detrás debido al afecto de los militantes, que la paraban casi más que a su marido. Ese día compartió fila de sillas con la plana mayor del PSOE. Era la única mujer no política que ocupó un lugar de privilegio, al En una manifestación contra el 23- F Según los hagiógrafos de José Luis Rodríguez Zapatero, el flechazo fue instantáneo y la segunda vez en que vio a su futura mujer, ambos se manifestaban tras el intento golpista del 23- F. Parece una escena de película propensa a acabar en beso, pero no, aún tardaron en admitir lo inevitable. A partir de ahí, sólo la política ha irrumpido en una vida privada tan interesante como normal, algo en la línea Cuéntame pero en democracia. Tanto él como ella andan empeñados en el que debería ser inusual ejercicio de preservar su intimidad. Eso sí, en estrecha competencia con los Rajoy Fernández y dando información personal con cuentagotas. De él, que tiene 43 años, le gusta la ensaladilla rusa, el Barça y el cine. lado de su marido, en la iconografía del mitin. Después, compartió comentarios con Pasqual Maragall y algún otro barón socialista sin perder la compostura, la sonrisa y la discreción. No obstante, llamó la atención. El corte a lo garçon, pero con un toque de flequillo irregular, la cazadora de cuero negro (modelo que a Trinidad Jiménez le ocasionó una polémica) y, sobre todo, el cuello alzado fueron los detalles que rebelan, a primera vista, un carácter inconformista, acorde en este caso con un físico y una altura que destacan por encima de la media. La imagen en conjunto, el pack Zapatero- Sonsoles, puede ser una de las marcas de las próximas campañas (madrileñas, catalanas, andaluzas probablemente) en el esprint electoral hasta marzo del próximo año, mes en el que se deberá aclarar la incógnita de si se llamará Sonsoles o Elvira la próxima segunda dama, cargo no oficial en España pero que Ana Botella ha contribuido a crear en el imaginario institucional español. La disponibilidad de Sonsoles parece absoluta, pero con límites. Esta aparente contradicción quiere decir que actuará como consorte, pero sin darle a ese papel una dimensión mayor. Su actitud, su trabajo y su nula propensión al trato con los periodistas (fuente de quebraderos de cabeza incluso antes de que se produzca el tal trato) recuerdan a los primeros años de la mujer de Felipe González, Carmen Romero, como señora de La Moncloa. Sonsoles, de 42 años, se ha resistido a ser una baza más en la imagen de cambio que los estrategas del PSOE tratan de asociar a Zapatero, pero no parece que pueda resistir durante mucho más tiempo la burbuja de intimidad y naturalidad de la que se ha provisto esta mujer. Quienes en el partido insisten en que su presencia es proporcional a las expectativas de triunfo de su marido empiezan a respirar aliviados. Algunas imágenes de Sonsoles en ese mitin de Vista Alegre llamaron la atención de los medios audiovisuales y de la prensa y ya se han empezado a establecer comparaciones con su oponente Elvira Fernández, la esposa de Mariano Rajoy. Pero, en cualquier caso, ante la ausencia de declaraciones propias, de pronunciamientos públicos o de apariciones montadas en los medios, el material periodístico sobre Sonsoles es indiciario, subjetivo y, por el momento, afable. Al menos ha conseguido que su forma de vestir, su evolución estética o el cambio de peinado sean contemplados con respeto por todos los analistas de la moda y el cotilleo que han merodeado por su circunstancia. No cabe aventurar, por otra parte, que vaya a dar ninguna clase de sorpresa en cuanto a mobiliario o decoración de interiores. Su pasión es la familia, la música y la tranquilidad, un modelo que, lejos de estar asociado a un nombre de hombre, tiene mucho más que ver con la independencia, tan sana como difícil de mantener cuando su marido quiere vivir a unos pocos kilómetros de Madrid, en un incómodo palacete según la impresión de casi todos los inquilinos que ha tenido.