
ABC
DOMINGO 15 6 2003
Opinión 13
JAIME CAMPMANY
La renuncia de Suárez Illana puede parecer deserción, pero es un acto noble. El fracaso no es sólo suyo
SUÁREZ ILLANA
E
ALFONSO USSÍA Beckham es un buen futbolista, quizás un gran futbolista, pero sus inconvenientes sociales son infinitamente más poderosos que sus excelencias deportivas. El fútbol es otra cosa que vender camisetas y explotar la mercadería
BECKHAM
E
L Real Madrid está a un paso de ingresar en el ámbito del mundo o inmundo del corazón. Si no se trata de rumores interesados, y a pesar de las palabras que en público y en privado ha pronunciado su presidente, las noticias anuncian a la posible contratación del jugador David Beckham. En la próxima temporada, de confirmarse los rumores, el director general del Real Madrid, Jorge Valdano, pasará de intervenir en los espacios periodísticos deportivos a acudir a la tertulia de Ana Rosa Quintana o Salsa Rosa sinexcluir la posibilidad de Tómbola o la chorrada diaria y vespertina de Tele- 5. De ahí a la Isla de los famosos el Hotel Glam o Gran Hermano media trecho breve y fácilmente superable. Beckham es un buen futbolista, quizás un gran futbolista, pero sus inconvenientes sociales son infinitamente más poderosos que sus excelencias deportivas. El fútbol es otra cosa que vender camisetas y explotar la mercadería, eso que los cursis llama merchandasing o como se escriba. Se antoja sospechoso que el Manchester United, el club más rico del mundo, arda en deseos de desprenderse de su principal figura y reclamo publicitario. Si el fútbol está en quiebra, no piense el Real Madrid que su situación económica, boyante tras la venta de la Ciudad Deportiva, es eterna. Ya no hay Ciudad Deportiva que vender, y sí en cambio una por construir. Imagen y publicidad, la Spice girl cuatro guardaespaldas, casa y coches blindados, y todo eso a cambio de jugar de vez en cuando muy bien al fútbol. No compensa. Agravios comparativos y envidias permanentes, que ya existen en una plantilla que convive de milagro. Lo siento por mi querido Enrique Ortego y todos los grandes periodistas de Deportes de ABC. De ser cierta la noticia, la temporada que viene habrá que contratar para la sección de Deportes a Ania, Pocholo Martínez- Bordiú o Dinio. También Yola Berrocal, que lee a Balmes, o a cualquiera
de esos gilipollas que intervienen en esas tertulias intolerables. Se ha demostrado que el Real Madrid necesita otro tipo de jugadores. Le sobran violines y le faltan dídimos, que es sinónimo de huevos. Necesita vender para comprar, como todos los clubes del mundo, y dentro de lo que cabe, con resultados positivos. Todo eso compete a una dirección deportiva y técnica que no ha dado, hasta ahora, saldos beneficiosos. Beckham no es Zidane ni Ronaldo. Estos son diferentes, y se puede entender el derroche económico por hacerse con su participación. Con una nueva y millonaria estrella, el Real Madrid puede estrellarse, y perdón por mi nada original comentario. Ser un buen futbolista es mucho más fácil que llegar a cardenal de la Iglesia. Millones de jóvenes en el mundo juegan al fútbol y centenares de ellos lo hacen extraordinariamente bien. Para eso están los equipos técnicos. Contratar a Zidane es muy fácil. Lo difícil es fichar a quien, en unos años, pueda sustituir a Zidane, a Ronaldo, a Roberto Carlos o a Raúl. Hoy, en el mundo, hay futbolistas que pueden jugar como Beckham sin tener que pagar lo que Beckham exige y sin extravagancias ajenas al deporte. Eso sí, venderán menos camisetas, que parece ser el fundamental objetivo del futuro Real Madrid. Además, que el Barça está interesado en contratar al inglés, y ese detalle es garantía de fracaso. Sea el Real Madrid educado y cortés, y permita que el gran rival barcelonés consume su dicha. Entre las exigencias del jugador y las travesuras de su mujer, en cinco años puede quedar del Fútbol Club Barcelona, a lo sumo, la sección de Canicas sobre Grava. En momentos de recesión y camino hacia la ruina, un club de fútbol no se puede permitir el lujo de los caprichitos. Beckham es un estupendo futbolista, pero contratarlo significaría un error empresarial inmenso. Menos camisetas, mejor proyecto y más trabajo.
L fracaso es la más dura de las escuelas donde se puede aprender a caminar por el campo minado de la política. Un penoso fracaso enseña más que doce triunfos fáciles. Adolfo Suárez Illana ya ha cursado en esa escuela un doctorado doloroso. Lo mandaron a luchar contra Bono en el campo de Castilla- La Mancha, que ha sido mucho peor que mandarlo, como a la Armada Invencible, a luchar contra los elementos. Era un combate perdido de antemano. Cruel aprendizaje. También habrá aprendido el joven Adolfo Suárez el señor Illana le llamaba y hacía llamar el zorro de Bono) que el apellido, en política como en literatura o como en arte, empuja casi tanto como frena. Cuanto más ilustre, más empuja y más frena. A un escritor que se llame Miguel de Unamuno y a un pintor que lleve el nombre de Pablo Picasso, si no llegan a ser tan grandes por lo menos como sus padres, les esperan muchos desdenes y amarguras. Los apellidos ilustres heredables se continúan mejor en bufetes y consultas, son cosa de abogados y médicos. Si lo que se pretendía era ofrecer un difícil bautismo electoral al joven Adolfo Suárez Illana, se eligió una experiencia desmedida, desmesurada, catastrófica. Las buenas maneras políticas y las palabras del discurso cortés del comedido catecúmeno estaban destinadas irremediablemente a ser arrolladas por la vieja picardía muñidora de José Bono, el más peligroso adversario electoral del socialismo español, junto a Rodríguez Ibarra. No sé si la decisión de enfrentar a Adolfo Suárez II con ese enemigo, por ahora imbatible, fue hija de la soberbia o de la imprevisión. En todo caso, el PP ha perdido solamente lo que ya se sabía que iba a perder y el único que ha salido vapuleado sin necesidad ha sido el temerario candidato. ¿Por qué no eligió Aznar para la entrada en fuego electoral del segundo Suárez una batalla menos dura? ¿Por qué no se le presentó, por ejemplo, a alguna alcaldía de aquella Comunidad, más accesible a una victoria del Partido Popular? Cuando alguien llamado Adolfo Suárez, que lleva en el apellido tantos méritos de la difícil Transición, se dispone a entrar en política, merece que se le preserve, si no de una derrota, porque las urnas son siempre imprevisibles, si de un descalabro que pueda desanimarle definitivamente. Y eso no se ha hecho. Al revés. Se le ha enviado a un degolladero. El joven y tal vez frustrado político ha renunciado a su escaño en la oposición, lugar incómodo, de heroísmo y aprendizaje. Ha pedido primero la responsabilidad íntegra del partido en la Comunidad, un partido que anda deshecho y como en situación de sálvese quien pueda en razón del largo y hábil mandato de Bono. Para intentar una victoria allí, hay que empezar por recomponer el tinglado, apartar los mimbres viciados, recuperar ilusiones colectivas y mantener la necesaria disciplina. Le ha sido negada esa responsabilidad, quizá con razón, quizá sin ella, no sé. Pero en las condiciones actuales, y aunque su renuncia parezca deserción, es actitud noble y coherente. Cada uno debe aceptar los propios fracasos y ese fracaso no es sólo de Suárez.