Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
48 MARTES 28 1 2003 ABC Sociedad La industria química defiende los estudios Las compañías del sector químico que realizan estudios de toxicidad de pesticidas en voluntarios humanos señalan que se realizan cumpliendo todos los requisitos éticos y aseguran que son una herramienta esencial para determinar los límites admisibles de exposición para la población en general. Ante el comite de expertos, nombrado por la Academia Nacional de Ciencias de EE. UU. para analizar la ética de estas investigaciones, representantes de la industria precisaron que siempre se realizan con el consentimiento informado de los voluntarios. Las empresas de este poderoso sector añaden que los estudios de toxicidad con animales han fallado a menudo en predecir con precisión las dosis tolerables para la población de los pesticidas. De hecho han recurrido ante los tribunales la moratoria decretada por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) Este causa judicial llegará el próximo mes de marzo al Tribunal Federal de Apelaciones con sede en Washington. El resultado de este debate puede tener consecuencias que exceden al ámbito de los pesticidas, porque la Agencia de Protección Ambiental sí acepta actualmente estudios con voluntarios humanos expuestos a contaminantes de aguas subterráneas. Los efectos de los pesticidas en la salud son objeto de intenso debate. En la imagen, un helicóptero fumiga un cultivo ABC Polémica ética en EE. UU. por el uso de cobayas humanos para evaluar la toxicidad de pesticidas Los voluntarios ingieren compuestos químicos para fijar la dosis tolerable de Ciencias de EE. UU. analiza el futuro de estos polémicos estudios, sujetos desde 2001 a una moratoria a la que se opone la industria A. AGUIRRE DE CÁRCER MADRID. Desde los años 1996 a 2001, diversas empresas del sector químico han experimentado con personas para determinar qué dosis mínimas de pesticidas son necesarias para disparar una respuesta metabólica o incluso para provocar enfermedades en seres humanos. Esta exposición deliberada a los pesticidas, en voluntarios que han sido convertidos en conejillos de indias a cambio de una recompensa económica, se realizó en el curso de experimentos previos al registro y comercialización de nuevos pesticidas en Estados Unidos. Estas prácticas quedaron en suspenso a finales de 2001 cuando la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) declaró una moratoria alegando consideraciones éticas. Sin embargo, aún no está zanjado el futuro de estas polémicas investigaciones en las que pequeños grupos de voluntarios han llegado a ingerir oralmente pestib Un comité de la Academia cidas diluidos. La causa de esta incertidumbre es que la EPA sólo adoptará una decisión definitiva tras oír las recomendaciones de un panel de expertos, creado por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Melón contaminado Este grupo de especialistas se pronunciará problablemente a finales de año, pero las presiones de científicos y grupos medioambientales, por un lado, y de la industria química por otro, se dejan ya sentir, propiciando un polémico debate científico, económico y sobretodo ético. Hace pocos días, este comité escuchó las opiniones de investigadores y de las empresas del sector. Varios científicos solicitaron una condena de estos estudios de toxicidad y pidió que se aconseje a la Administración estadounidense que no admita más investigaciones con humanos para evaluar la seguridad de la exposición a pesticidas y otros agentes químicos. Por su parte, los portavoces de la industria defendieron la necesidad de estos experimentos con seres humanos y negaron que sean contrarios a la ética. Entre las voces científicas que han aireado la ausencia de beneficios para la salud pública de estos experimentos figura Lynn Goldman, profesora de ciencias medioambientales en la Universidad Johns Hopkins y directora, entre 1993 y 1998, del departamento de pesticidas de la EPA. Goldman conoce bien este controvertido asunto porque en 1985 supervisó un estudio con 1.373 personas, algunas de las cuales enfermaron tras comer melones tratados con un pesticida. Posteriores análisis revelaron que los voluntarios fueron expuestos a dosis diez veces superiores a las consideradas seguras. El detonante de la experimentación de pesticidas en humanos fue la entrada en vigor en 1996 del Acta de Protección de la Calidad de los Alimentos en Estados Unidos. Esa nueva regulación obligaba a reducir los niveles tolerables de estos compuestos químicos en los alimentos a fin de proteger la salud de los niños, un grupo de población especialmente sensible. En la práctica, la entrada en vigor de esa normativa supuso la obligación de reducir en un factor diez los niveles de esos compuestos en los alimentos. Otra consecuencia de esa regulación fue la obligación para la EPA de revisar alrededor de 9.000 pesticidas que actualmente están en el mercado con el fin de comprobar si cumplen con los nuevos requisitos de seguridad fijados para proteger la salud de los ciudadanos. Voluntarios en el Reino Unido Conscientes desde 1996 de los efectos de esa estricta normativa, algunas empresas del sector químico comenzaron a encargar a laboratorios privados la realización de test de toxicidad directamente en personas que voluntariamente prestaban su colaboración, fundamentalmente en el Reino Unido. Desde 1996 hasta 2001, dos docenas de estudios de toxicidad en humanos han sido presentado por empresas a la citada agencia gubernamental de EE. UU. Esas investigaciones fueron pronto muy contestadas por diversos colectivos, como Environmental Working Group, con sede en Washington. Este grupo denunció que en un laboratorio de Manchester (Inglaterra) se efectuaron tres estudios de toxicidad para la Dos docenas de estudios de toxicidad realizados con seres humanos fueron presentados en EE. UU. entre 1996 y 2001