
ABC
MARTES 28 1 2003
Opinión 9
JAIME CAMPMANY
Blas Piñar no se aserena con la senectud y siempre sale como un poseso pegando gritos. Igual que ahora
LO DIJO BLAS
OÑO, Blas Piñar. Sale con la sábana Blas Piñar y se pasea por la plaza de armas y por las almenas del castillo, pegando gritos para asustar a los niños y a doña Berenguela. Yo creía que don Blas Piñar estaba enterrado en algún tomo de Historia, el del padre Mariana por ejemplo, como esas flores secas que la bisabuela ponía entre las páginas de algún libro de versos, Campoamor, Núñez de Arce y aledaños. Pues, no. Blas Piñar estaba ahí escribiendo el discurso para cuando autorizara el Gobierno la nefasta píldora del día después. Menos mal que no ha dicho de Aznar aquello que el cardenal Ottaviani dijo del cardenal Suenens cuando defendió en el Concilio el uso de la píldora antibaby: Ojalá la hubiera tomado su madre Blas Piñar es un hombre longevo. Andará por los ochenta y tantos, casi a la par de mi suegra, que este año entra en los noventa. Yo me alegro, porque le deseo larga vida y lejana muerte, pero los años no hacen más que traerle disgustos. El último que le ha traído es, además de la píldora del día después, el de la proliferación de los monfloritas, que es verdad que salen como hongos. Se conoce que los armarios estaban lo que se dice atestados. Ante la invasión de dantes y bardajas (es conocida la ley de Mahoma, que tanto es el que da como el que toma) Blas Piñar asegura que con el PP España se va a convertir en el primer estado homosexual del globo terráqueo. Hombre, es verdad que algunos quisieran darle al Estado por retambufa, y bien que lo intentan. Ahí tenemos a Javier Arzallus, que quiere ayudar moralmente a los abertzales en las elecciones municipales, y ya me dirán ustedes si eso no es intentar endiñarle al Estado por donde amargan los pepinos. Pero a ver qué puede hacer el PP ante eso, porque no se va a poner a administrarle a Arzallus una dosis de su propia medicina. Mi suegra ha leído en no sé que libro (no en El diablo de Papini) que existen 6.666 legiones de demonios, cada una de ellas con 6.666 integrantes. Y añade, horrorizada: Y eso sin contar a Arzallus Pero de eso a que el Estado se ponga un peinador blanco y salga a peinarse a la ventana como los mariquitas del sur que cantaba Federico García Lorca, va algún trecho. Además de su destitución como director del Instituto de Cultura Hispánica, el primer gran disgusto que le dio Franco a Blas Piñar fue el de proclamar la libertad religiosa. Entonces también dijo que España se iría a los abismos de la Historia y a las llamas del Infierno. Y ahora se ha puesto a defender a Jiménez de Parga y ha escoñetado el asunto. Porque lo peor de Blas Piñar es que algo de lo que dice puede tener un viso razonable, pero como a todo le pone después un punto redondo que parece un borrón, termina por dejarlo imposible para vos y para mí como Don Juan dejó a Doña Ana. Ni siquiera se tranquiliza y aserena con la senectud, y sale siempre como un poseso pegando gritos. Igual que ahora. Si hubiese vivido en los tiempos de Felipe II, el rey le habría llamado algún día y le habría dicho afectuosamente: Sosegaos, don Blas. Y conste que aquí el punto redondo lo pongo yo
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ALFONSO USSÍA Lo que diga, apruebe o acuerde la Conferencia Episcopal, a éstos les trae al pairo. Su Dios es nacionalista y no quiere ser molestado por asuntos menores. Un ciudadano constitucionalista muerto es un asunto menor. No hay misas. Las misas para mejores ocasiones
NO HAY MISAS
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U insignificancia física la suplía con una mirada brillante y taladradora. Compartía una cena en el bellísimo palacio de la embajada de España ante la Santa Sede con Don Juan de Borbón. El pequeño, pero grande monseñor Casaroli, secretario de Estado del Vaticano, le revelaba a Don Juan las muchas virtudes del Papa Juan Pablo II. En un momento, con ironía y humor, soltó de sopetón: Pero es muy peligroso que el secretario de Estado del Vaticano afirme que el Papa es muy peligroso llama, como poco, la atención. Don Juan le preguntó por el alcance de su peligro. Es muy peligroso porque cree absolutamente en Dios Las carcajadas sobrevolaron como estorninos la plaza de España en Roma. Esa sensación de estar ante una persona que cree absolutamente en Dios y que en tantas ocasiones había experimentado monseñor Casaroli, en nada se parece a la sufrida por Consuelo Ordóñez cuando acudió a visitar al obispo furriel de San Sebastián- -el que manda es el emérito- Juan María Uriarte. Deshabitada de alma por las repetidas negativas de sacerdotes y párrocos que se negaban a oficiar una misa en el aniversario del asesinato de su hermano, Gregorio Ordóñez, recurrió al señor Obispo. Y el señor Obispo le dijo que no. Que si quería una misa por su hermano, sólo por su hermano, lo intentara fuera de Guipúzcoa. En Guipúzcoa están prohibidas las misas por las víctimas de la ETA. Con humilde cautela y silencioso respeto, he dejado pasar unos días para comentar este asunto. No se le ha dado excesiva importancia en los medios de comunicación. Llueve sobre mojado y cansa la misma historia. Pero escandaliza como si no se hubiera repetido. Al final, Consuelo Ordóñez reunió en el cementerio de Polloe, junto a la tumba varios veces profanada de su hermano, a un grupo de amigos que creían en Dios para rezar por Gregorio. Entre ellos, algunos sacerdotes tam-
bién creyentes, entre los que destacaba don Antonio Beristain. El obispo de San Sebastián no es partidario de las misas personalizadas. Le preocupa molestar a Dios por el alma de un simple feligrés. Más aún, cuando el simple feligrés fue un representante del pueblo asesinado por esos chicos que buscan el diálogo y el Gobierno español se niega a considerar como interlocutores válidos. El obispo de San Sebastián, cuando se ocupaba de la salud espiritual de los zamoranos, creía más en Dios que en la actualidad. Allí sí permitía que en parroquias e iglesias se dijeran misas por zamoranos difuntos. Pero, claro, en San Sebastián es diferente. Sólo si el fallecido es nacionalista, la misa es autorizada por necesaria y correcta. Tiene aspecto de bonachón y cara de pan. Consulta diariamente los problemas de la diócesis con su antecesor, José María Setién, que tampoco es partidario de rezar por el alma de los muertos por el terrorismo. Lo dejó claro cuando, siendo obispo titular, manifestó en un programa de televisión su nula disposición a oficiar un funeral por un guardia civil. Entre el titular y el emérito, pulula el vicario Pagola, muy simpático y dicharachero en los batzokis y las herriko- tabernas pero menos abierto en las sacristías. Entre los tres, más que la Iglesia, administran una mafia de pistoleros de la palabra y cómplices con sotana del terrorismo. Y les va muy bien, y en este caso no encaja lo de divinamente. Les va de maravilla diabólicamente. Lo que diga, apruebe o acuerde la Conferencia Episcopal, a éstos les trae al pairo. Su Dios es nacionalista y no quiere ser molestado por asuntos menores. Un ciudadano constitucionalista muerto es un asunto menor. No hay misas. Las misas para mejores ocasiones. Si yo no fuera católico, me atrevería a escribir que monseñor Uriarte es un granuja. La cosa es que me atrevo a escribirlo. Es un granuja.